OBRA: Doble filo

AUTORA: Mónica Lavín

EDITORIAL: Lumen

AÑO: 2014

Mónica Lavín: periodista y escritora. Nacida en la Ciudad de México (1955). Ha escrito novela histórica, entre las cuales destacan Yo, la peor (2009) y Las rebeldes (2011). A pesar de haber iniciado escribiendo cuentos y haberse introducido a la novela histórica, Doble filo le ha servido para llegar a más lectores de diferentes edades.

Esta novela corta me gustó en una forma especial porque considero que es una lectura muy amena, fácil de entender y que se acerca mucho a un relato real de lo que pasa normalmente entre una pareja que llega a un rompimiento de la relación por situaciones imprevistas.

Cuando Antonia llega al pueblo cargada del dolor que causa el desamor, no se imagina que una bruja local (que de bruja no tiene nada) la iba acompañar para que lograra deshacerse de sus recuerdos amorosos con su primer pareja. Para eso la obliga a recordar sus sensaciones, besos, abrazos y entregas de amor, sin darse cuenta de que con sus comentarios iba haciendo que la curandera reviviera los recuerdos de su más grande amor.

La capacidad que tiene la autora para lograr descripciones es tal que parece que te lleva a que observes cada paso que van dando; la forma en que la invita a que bese la hogaza de pan que la misma curandera había elaborado para hacer que Antonia recordara, para que sintiera la dulzura que te convida un beso. Entender como la curandera necesita cada vez más ir sabiendo, ir sintiendo, ir encarnando situaciones semejantes vividas con el hombre de su vida.

Son varios los elementos que enriquecen esta narración: desde el pueblo tranquilo, con un mercadito y calles empedradas, la presencia del sillón rojo, que se encuentra cerca de la puerta y que desde un principio fue el sitio más cómodo para que Antonia descanse y evoque los momentos vividos junto a Esteban. Es un aspecto relevante la presencia de este mueble en la novela al grado que cuando Antonia se va a su casa la curandera ocupa este asiento y se recrea nuevamente de los momentos de amor y de placer vividos junto al hombre de su vida. La fonda en donde venden los ricos antojitos mexicanos, las quesadillas de champiñones y de flor de calabaza, la vida cotidiana del pueblo.

Los jugos naturales útiles para desintoxicarse de los recuerdos, el agua que debe beber para irse limpiando y demás ocurrencias que van surgiendo en la mente de la terapeuta autodidacta, acciones que van surgiendo desde su subconsciente, ideas que considera que tienen que funcionar para lograr olvidar los recuerdos que en ese momento atormentan a su paciente.

La falta de disciplina de Antonia, que visita la casa de la curandera cuando ella quiere y no cuando se lo han dispuesto. El gusto de quedarse a dormir en la supuesta clínica las veces que ella quería, tomar la copa de vino para explayarse en sus momentos de felicidad, sin saber que mientras ella quería olvidar la curandera quería seguir recordando, seguir viviendo, sentir en cuerpo y alma todos los momentos felices que había vivido al lado del hombre que fue su más grande amor.

La energía, el amor y el desamor que siente una mujer despechada, la impotencia retenida debido a que su hombre encontró a otra mujer en su camino, la forma en que la curandera obliga a su paciente a que arroje el paliacate al canal para que junto al pañuelo también se vayan los recuerdos. Situaciones que por sí mismas nos convocan a estar cerca de la realidad de estas mujeres, en donde Antonia logra liberarse de sus ataduras con el pasado pero que sin embargo hacen revivir en la terapeuta recuerdos que no quiere que se le olviden.

Por Luis Antonio Malpica Gutiérrez

*Este ensayo fue elaborado como parte del Programa de Lectura y Redacción Crítica de la Sección 22 de la SNTE.

Comments

comments