Entrevista con Anabel Hernández, quien considera que la mayoría de los medios de comunicación en México están corrompidos por el poder

Por Diego Osorno

Berkeley, California. Cuando Anabel Hernández le dijo a su padre que quería dedicarse al periodismo, lo que escuchó como respuesta fue lo siguiente: “Tú quieres ser una prostituta, en el periodismo todos son corruptos”.

En realidad había excpeciones, pero el periodismo mexicano de los ’70 y ’80 que conoció el padre de Hernández era el que se vendía al único postor que había en ese momento: el del régimen autoritario del PRI.

Pese a las preocupaciones paternas, Hernández decidió ser periodista. En 1994 participó como fundadora de Reforma, diario que se convirtió en su escuela de periodismo.

Creo que el periodismo en México tiene un estigma de ser un periodismo corrupto pero las nuevas generaciones —me considero parte de esas nuevas generaciones— hemos venido a romper con ese estigma y a demostrar que el periodismo en México puede ser auténtico, confiable y honesto”, dice la periodista de investigación que ha publicado, entre otros, libros de denuncia como Los señores del narco, Los cómplices del presidente y Fin de fiesta en Los Pinos.

La conversación transcurre en un restaurante alrededor del campus de la Universidad de Berkeley, donde Hernández realiza un fellowship a través del Investigative Reporting Program (IRP), el cual le permite continuar sus investigaciones sobre los ataques contra los estudiantes de Ayotzinapa a la par de otros trabajos periodísticos, como la entrevista que le realizó a Emma Coronel, esposa del capo Joaquín Guzmán Loera. Hernández es hoy en día una periodista leída no solamente en México, sino también en otras partes del mundo.

Diego Enrique Osorno: A grandes rasgos, ¿cómo sintetizas tu paso por el periodismo?

Anabel Hernández: Creo que la escuela de Reforma fue muy buena, y después de Reforma he participado prácticamente en todos los medios impresos en México. Trabajé en Milenio, en El Universal y en Reporte Índigo, hasta que un día me di cuenta que no había cabida para mí en los medios tradicionales. Que no eran lo que yo esperaba, que la censura, que los intereses, a final de cuentas siempre terminan pesando en estos grandes medios de comunicación, y realmente desde principios de 2012 soy freelance, y creo que he encontrado la mejor parte de mi carrera en estos últimos años.

DEO: ¿Qué diferencias consideras que hay entre aquel periodismo corrupto del que te advertía tu papá y el actual?

AH: Yo creo que en el fondo el periodismo y los poderes que se mueven en el periodismo no han cambiado. Los que hemos cambiado somos los periodistas. Creo que los periodistas, al ir más a la universidad, al tener acceso a otros panoramas, somos los que cambiamos. El sistema quisiera que fuéramos los mismos corruptos, porque el sistema siempre intenta censurar.

El único medio donde nunca quisieron censurarme fue en Reforma. En todos los demás siempre ha habido la intención de la censura. “Que llama el presidente, que llama su esposa, que esta información que estás sacando no gusta…”. La intención de la censura siempre ha estado ahí. La manera en que el gobierno y el régimen político ven a los medios de comunicación no ha cambiado; los que logramos cambiar somos los periodistas y creo que eso es lo más valioso de esa transformación.

DEO: Los periodistas han cambiado pero la censura busca imponerse todavía. ¿Qué tanto crees que ha aportado a esta lucha el nuevo modelo de comunicación basado en las redes sociales? Walter Robinson, editor del Boston Globe, decía que les tocó publicar su famosa historia llevada al cine en Spotlight, justo en el momento en el que internet apenas empezaba a despegar, y que si hubiera aparecido unos años antes, quizá hubiera quedado como una historia nada más de Boston, pero que internet permitió hacer visible que los abusos sexuales que había en Boston, también estaban ocurriendo en otras partes del mundo.

AH: La verdad es que se lo preguntas a la persona más equivocada porque yo no tengo ni Twitter ni Facebook; soy totalmente anti-redes sociales. No las termino de entender y no las uso. Yo creo que algo pasó antes que eso. En mi experiencia personal, cuando Milenio y El Universal intentaron censurarme las investigaciones que estaba haciendo sobre Vicente Fox y su familia, yo empecé a romper ese bloque, esa censura, primero a través de libros y luego mediante las redes sociales. Ahí las editoriales jugaron un papel importante de abrirle espacio a los periodistas para que sus investigaciones se convirtieran en libros. Para mí ese fue mi primer paso de libertad. Yo realmente me sentí libre, incluso aunque estaba trabajando para El Universal, cuando pude publicar mi libro sobre la familia presidencial. En ese instante probé lo que sabía la libertad absoluta de lo que yo estaba publicando, para bien o para mal.

DEO: Ya sin una zozobra, una frustración de por medio…

AH: Sí, me di cuenta que había una masa crítica, que había gente que quería estas historias. Y todavía no estaba el boom de las redes sociales. Con el boom de las redes sociales y todo ese trabajo, se replicó mucho más, pero yo diría que primero hubo este espacio de los libros.

DEO: ¿Consideras que el periodismo que se hace actualmente en México sigue caracterizándose por ser un ejecicio corrupto?

AH: Yo creo que los medios en su gran mayoría siguen siendo muy corruptos, simplemente porque dependen del medio gubernamental. Son corruptos o se autocensuran. Le sirven más al poder que a los lectores porque comen del gobierno. Creo que estamos en una crisis económica terrible de los medios y era algo que tarde o temprano iba a pasar. Estos dueños de los medios de comunicación que tenemos en México son vergonzosos, los vemos llegar en sus helicópteros a las redacciones, con guardaespaldas y vehículos, con cuantiosas secretarias. Viven como jeques, prácticamente todos viven así. Y la economía del país no está para eso, ni la economía de los lectores ni tampoco la economía del gobierno. Estos jeques de los medios de comunicación son insostenibles, por más que el gobierno quiera tenerlos en su nómina. Entonces estamos hablando que esta crisis se debe a que no hay dinero gubernamental que alcance para estos jeques corruptos. Estos jeques están en una crisis económica donde no encuentran salida. Si estos jeques de los medios de comunicación hubieran mirado siempre a los lectores, no estarían en esta crisis. Jamás podrían haber llegado a los medios económicos que tienen ahorita, tampoco tendrían helicópteros, pero tendrían una empresa saludable con una nómina, con un número de empleados razonable, haciendo periodismo sirviendo a la sociedad y viviendo de ella.

No tenemos eso, entonces me parece que estamos ahorita ante una situación donde los medios son corruptos. Yo sí creo también que hay una gran cantidad de periodistas que son honestos, que vienen de una generación irreverente, que quieren romper y demostrar que podemos hacer las cosas diferentes. La gran pregunta es: ¿hacia dónde va esa generación? Porque un problema que hay es que no existen espacios para ellos.

DEO: ¿Qué características consideras imprescindibles para estos periodistas jóvenes que están emergiendo?

AH: Yo sí creo que lo que tienen que hacer es ser periodistas totalmente fuera de la influencia de los modelos que vemos hoy en día en la televisión y en la radio. Estos periodistas tienen que entender que estos comentaristas no son periodistas, porque en muchas escuelas de periodismo te dicen: “Miren, ser conductor de Televisa es lo que debemos aspirar”. ¡No!, al contrario, lo que debemos de entender es que jamás debemos de llegar ahí. Si quieres ser periodista tienes que tratar de romper todos los paradigmas y pensar por tu cuenta. Eso que por generaciones han pensado que es el modelo de éxito del periodista hay que borrarlo de la mente.

Y la única manera de crear nuevos referentes es alentando a que cada uno de estos jóvenes periodistas busque ser un nuevo referente. Yo no creo a los periodistas que siguen a los grandes modelos de periodismo. ¡Inventemos nuevos modelos de periodismo! Que cada uno haga cosas nuevas, que sorprenda con sus historias, que no diga quiero ser como tal…

Aquí lo importante es que cada quien asuma su visión personal: esa es la esencia realmente de esto. Por ejemplo, Diego Osorno cuenta la historia en función de sus propias experiencias personales, en función de su propia vida, de su propia historia y eso es lo interesante. A unos periodistas les van a interesar unas cosas y a otros les interesarán otras, por eso creo que el periodismo no debería ser único. Cada nuevo periodista tiene su propia historia, que refleje los intereses de esa propia historia con honestidad y valentía inventando su propio camino.

DEO: En esta conversación no hemos hablado de la larga e indignante lista de represalias que has padecido por tu trabajo, pero quisiera preguntarte ¿qué es lo que te da el periodismo que te mantiene en las trincheras e incluso avanzando?

AH: El periodismo me da todo.

DEO: ¿Podrías decir qué te da escribir un libro?, ¿qué te da escribir un reportaje? Me refiero a la cuestión personal.

AH: A mi cada historia me alimenta. Es raro cuando alguien pasa y te agradece, o hay admiración, un respeto o reconocimiento y uno dice: ¡no! Yo sin el peridosmo no sería nada. Yo, si no hiciera cada historia, no sería nada, porque también el periodismo es mi vida, me ha dado todo. Las mejores cosas que tengo en mi vida, vienen de ahí —también las peores— pero si yo pusiera todo en una balanza, yo diría que lo que a mí me ha dado como ser humano el periodismo, lo que he aprendido de cada historia de cada persona que he entrevistado, de cada cosa que he escrito, es algo inmenso, por eso, yo sí creo que el periodismo es una de las mejores profesiones que uno puede ejercer. Cada persona que confía en contarte su historia, su tragedia, sus alegrías, es parte de mi historia y vivo eternamente agradecida porque con su historia cambio mi historia y me hace ver un mundo más grande, más amplio, me hace ver más cosas que no veía.

DEO: ¿Para ti hacer periodismo es un placer, un deber, o es un afán de trascender?, ¿qué esperarías que pasara con tus historias?

AH: Cuando uno hace las historias siempre viene esa parte como del ego. Uno se pregunta: “¿Esta historia será de portada?, ¿esta historia pasará a la quinta hoja?, ¿mi libro estará entre los más vendidos o entre los menos vendidos?”. Pero al final, cuando nos damos cuenta de que somos periodistas que un día podemos hacer nuestra nota en 8 columnas, y al otro día ni quien se acuerde de nosotros, ahí te das cuenta de que realmente lo que importa es la satisfacción de hacer el trabajo correctamente y lo que pasa con la historia no depende jamás del periodista, depende únicamente del que la lee: ¿qué hace cada persona con esa historia?, ¿se siente reflejado?, ¿sale en protesta?, ¿exige el despido y se hace un escándalo político y se salen los funcionarios públicos o pareciera que no pasa nada, que es la gran mayoría de las veces?

Lo que los periodistas debemos de entender es que siempre pasa algo con nuestras historias. No es cierto que nunca pasa nada. Cuando alguien abre el periódico, o el libro, o la revista, ya está pasando algo. Ya estás cambiando algo. Creo que debemos de ser menos presuntuosos y menos pendejos y arrogantes y pensar que cada cosa, cada pequeña o grande historia, es una gran historia. Que no hay una historia pequeña, porque cada historia puede cambiarle la vida al lector sin tú jamás saberlo. No tiene que ser una historia de ocho columnas. El lector es quien decide qué tan importante o no es lo que lee, y en eso no tenemos ninguna influencia.

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