Papá, Mamá y mi perro saben que mi disco favorito de todos los tiempos que han pasado y están por pasar siempre ha sido The Dark Side of the Moon, de Pink Floyd, pero esta vez no voy a hablar de dicha producción, sino de otro disco que es de la misma banda inglesa. Me refiero a Wish You Were Here, grabado en 1975, un año después de que salió mi disco consentido. Pero ¿qué tiene en especial dicha grabación? Pues nada más que está rodeado de un halo de melancolía y tristeza, todo porque está dedicado en su mayoría a Roger Keith Barrett, mejor conocido en el mundo psicodélico y rocanrolero como Syd Barrett: líder, fundador, cantante, guitarrista y compositor de Pink Floyd.

Pero para poder seguirle y que me entiendan, subámonos a la máquina del tiempo y retrocedamos un poco para revisar los antecedentes de este genio que tuvo una vida artística muy corta.

En 1964, Barrett conoce a Roger Waters (bajo) en la Cambridge High School. Waters lo invitó a unirse al grupo The Abdabs, donde estaban también Rick Wright (teclados), Nick Mason (batería) y un tal Bob Klose al cual le atraía más el jazz, por lo que no congenió con Barrett, que prefería el blues. Klose dejó la banda para terminar sus estudios de arquitectura, y fue entonces que Syd Barrett propuso un nuevo nombre para la banda: Pink Floyd, como tributo a sus músicos de blues favoritos: Pink Anderson y Floyd Council.

A Barrett se le daba muy bien la composición, ya que desde morrito andaba componiendo canciones como “Effervescing Elephant”. Luego vinieron otras, como “Interstellar Overdrive”, que le ganó a la banda la etiqueta “de grupo experimental”, muy pero muy diferente a lo que se escuchaba en la escena de finales de los sesenta.

Ya después, en 1967, al grupo le llegó la oportunidad de grabar un disco con una disquera de las grandes ligas. Fue su primer sencillo: “Arnold Layne”, compuesto por Syd Barrett. El segundo fue “See Emily Play”, un éxito inesperado que los ayudó a entrar a los estudios Abbey Road, ocupado entonces también por Los Beatles (juntos, pero no revueltos), que ya andaban trabajando en Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band. Ahí los de la vereda rosa cocinaron su primer LP: The Piper at the Gates of Dawn. Sin demeritar el talento de los demás integrantes de Pink Floyd, este disco es 90 por ciento Syd Barrett. La mayoría de los temas son suyos, compuestos al puro estilo psicodélico británico: “Astronomy Domine”, “Interestellar Overdrive”, “The Gnome”, “Lucifer Sam”, “Flamming” y “Bike”. Prueba de que a Barrett le quedaba al centavo ese apodo del flautista a las puertas del amanecer.

Sin embargo, a la par que las composiciones de Barrett, que de inmediato se posicionaron como piezas representativas del space rock, lo colocaron como líder de Pink Floyd, sus problemas con las drogas psicodélicas, especialmente LSD, eran serias. Además, presentaba deterioro en su salud mental. Esto causó que su carrera y creatividad artística sólo durara escasos 7 años.

Hay muchas teorías relacionadas con las causas que lo llevaron a esa muerte creativa prematura. Muchos aseguran que Barrett padecía esquizofrenia, aunque no presentaba los síntomas característicos. Otros suponían que Barrett tenía problemas asociados con el autismo. Sus compañeros de banda opinan que podría haber sido foto-epiléptico debido al uso prolongado de luces estroboscópicas en los primeros shows de Pink Floyd, y que el abuso de estupefacientes fue el detonante de su colapso nervioso. Sin embargo, no existe nada oficial, y todo ha permanecido en meras suposiciones.

Lo que si fue neta maestro es que un día de aquel 1968 los otros integrantes de Pink Floyd, que iban a una tocada en la Universidad de Southhampton, decidieron no pasar por él a su casa, dada la pachequez que alcanzó; ya los desesperaba demasiado con su comportamiento. Habían intentado de todo: desde invitarlo a tocar cuando quisiera en algún concierto, participar con su guitarra como músico de sesión o tenerlo como compositor al margen de la banda. Pero el manager decidió que esto no era rentable, pues ya contaban con un guitarrista sustituto: David Gilmour, a quien, irónicamente, Syd le enseñó a tocar la guitarra, bajándolo del fluido rosado para siempre.

En ese mismo año, Pink Floyd grabó su segundo material: A Saucerful of Secrets, que incluye la canción “Jugband Blues”, compuesta por Syd Barrett y colocada al final del disco, a mera de despedida. Aun con esto, a lo largo del discacho en cuestión se puede escuchar la clara influencia de Syd Barrett, que perduró en las grabaciones del grupo hasta que Pink Floyd derribó el Muro y se dedicó a grabar discos para adulto contemporáneo.

La poca o mucha lucidez que Syd tenía todavía le dio para grabar en solitario dos discos geniales: The Madcap Laughs y Barrett (ambos de 1970) con una pequeña ayuda de sus ex-compañeros de banda y algunas tomas que quedaron fuera de los mismos, así como de sus interpretaciones en vivo. Pero después ya no se pudo hacer más. Después de lanzar ambos discos, Barrett se retiró del mundo de la música, recluyéndose desde entonces en la casa de su madre, con sus 30 guitarras.

Pink Floyd aparentemente sobrellevó la salida de Syd Barrett, pero la enfermedad mental del artista les dio mucha inspiración para componer las letras que escribían sus nuevos líderes: Roger Water y David Gilmour, creando grandes discos como The Dark Side of the Moon, Animals y The Wall. Pero como les decía al principio, en el que se ve más reflejada la influencia es en Wish You Were Here.

Wish You Were Here es el noveno álbum de estudio de Pink Floyd. Fue grabado también en los estudios Abbey Road. De entre los temas destaca “Shine on You Crazy Diamond”, que aparte de llevar las siglas SYD como parte de sus iniciales, es un mamotreto de casi 26 minutos, compuesto por 9 episodios, dividida en dos partes dentro del disco: una de 13:31 minutos, en el lado A, y 12:27 del lado B (era mucha canción para un solo lado del vinilo). A “Shine on” se le suman otros tres temas, que les describo rápido para que ya se vayan a trabajar:

 Welcome to the Machine”: La segunda canción del álbum y última del lado A en formato LP; precedida por las cinco primeras partes de “Shine on”. En CD (qué bueno que respetaron el orden de las canciones) conecta con “Have a Cigar”. Aquí ya se nota el rock teatral y dramático que Roger Waters haría en The Wall. La letra hace alusión a la decepción que le causa al grupo la industria musical, a la que ven como una máquina de generar dinero en lugar de un vehículo para la expresión artística.

“Have a Cigar: Esta también le tira duro a la industria musical. Es la canción con más rock del álbum: pura guitarra eléctrica, bajo y un sintetizador, que le mete un poco de funk al asunto, cerrando drásticamente con una disminución de volumen que le da efecto de una lejana radio AM que brinca de una estación a otra. El efecto sirve de transición a la canción siguiente, que da título al álbum: “Wish You Were Here”. 

Como dato curioso, la canción no fue cantada por ningún miembro de Pink Floyd, sino por Roy Harper. Según, Roger Waters era el indicado, pero se desgastó mucho grabando “Shine on You Crazy Diamond”, y las vocales eran muy fuertes para Gilmour. Así que voltearon a ver a Harper, que estaba grabando su álbum HQ en el Estudio 2 de Abbey Road. Sin problema se ofreció para ser la voz principal a cambio de un abono de por vida al estadio de cricket Lord’s Cricket Ground. La banda nunca entregó el abono, pero sí le entregaron a Harper un cheque que, según él, nunca cobró.

Wish You Were Here”: Una balada hermosa y llena de melancolía que da la impresión de ser escuchada en una cabaña alejada de toda civilización y modernidad. También dedicada a Syd Barrett, inicia a partir del final de “Have a Cigar”. En la transición se escucha el sonido de una radio cambiando de emisoras hasta que se detiene en una donde la canción comienza. Cuando la canción va a su terminar, el solo de guitarra se mezcla con sonidos de viento, una clara referencia a la canción “One of These Days”, del álbum de 1971 Meddle. Al final entra la segunda parte de “Shine on You Crazy Diamond”. 

  Cerramos con la siguiente anécdota: cuando el grupo se encontraba grabando Wish You Were Here, Syd Barrett apareció por ahí sin avisarles y alcanzó a escucharlos grabando “Shine on You Crazy Diamond”. Syd se sentó al fondo, detrás de la consola de grabación. Nadie lo había reconocido. Estaba calvo y se había rasurado las cejas; andaba pasado de kilos y casi no tenía dientes. Después de 45 minutos, Richard Wright lo reconoció tras verlo saltar de arriba abajo para cepillarse los dientes mientras sostenía el cepillo inmóvil. Roger Waters no podía creer el estado en el que se encontraba su viejo amigo y rompió en llanto. Después de los saludos y abrazos correspondientes, tocaron para él “Wish You Were Here” y le preguntaron qué opinaba. Syd simplemente les contestó que le sonaba “un tanto antigua” y preguntó inmediatamente que cuándo le tocaba grabar su parte de guitarra. “Ya fueron grabadas todas las guitarras, Syd. Lo sentimos”, le contestaron.

El grupo ya había terminado la letra de “Shine on You Crazy Diamond” y estaban en las mezclas finales del álbum cuando sucedió la sorpresiva aparición en el estudio de Barrett. A partir de ese día, el resultado final de la canción tuvo mayor influencia después del encuentro, lo cual se puede apreciar en la adición de las últimas notas en la canción por Rick Wright, tomadas de “See Emily Play”.

Después de la insólita visita de Syd Barrett, ningún integrante de Pink Floyd lo volvió a ver jamás.

Roger Keith Barrett falleció en el 7 de Julio del 2006, a los 60 años, a consecuencia del cáncer que padecía. Su hermana negó que habiera recibido tratamiento psiquiátrico después de su salida del grupo, afirmando que se dedicó a la pintura y a pasearse en su bicicleta hasta el fin de sus días.

Por Alejandro Fulanowsky

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