Corría el año de 1943. Las inserciones periodísticas que en Guadalajara anunciaron el arribo de Mr. Seven, un filántropo millonario que “[destinaría] gran parte de su fortuna al fomento de la pequeña inversión”; fueron ilustradas con la distinguida imagen de un caballero vestido de riguroso smoking, sombrero de alta copa y elegante bastón.

Esa varonil figura, dibujada reminiscencia del Fred Astaire que en 1935 caracterizó a Jerry Travers en la cinta Top Hat, fue publicada con toda oportunidad en la sección de Sociales; compartiendo página con anuncios tan localistas como los de Almacenes Favier, Sanatorio G. Vázquez Arroyo, La Colonial y Laboratorios Julio.

Con toda seguridad, tal novedad levantó gran expectación entre la población tapatía. ¡No todos los días se proclama el arribo de un excéntrico millonario dispuesto a regalar su fortuna! Por lo que es fácil suponer que muchos fueron los apuntados para la convocada bienvenida pública, misma a realizarse en la estación de FFCC; o, ya de perdis, para escuchar el control remoto de su arribo al través de las estaciones radiofónicas XELW y XEHL.

De acuerdo a la reseña correspondiente, la recepción con música de mariachi que Guadalajara dio a Mr. Seven al momento de su descenso del legendario carro Pullman, fue muy nutrida y estuvo integrada no sólo por gente anónima de la población, sino también por personajes bastante conocidos dentro de las esferas comerciales, radiofónicas y publicitarias de la localidad.

A pesar de lo borroso de las impresas fotografías de esa época, en todas ellas es posible advertir un detalle significativo: el rostro de Mr. Seven portaba negro antifaz con el que ocultaba su identidad real.

Tal aditamento, aunado a su impecable vestimenta de gala, hoy en día le confieren gran parecido con la conocida figura de Fantomas, el personaje del comic que años después publicara Editorial Novaro.

El primer acto social al que asistió Mr. Seven, fue un “exquisito cocktail” ofrecido en su honor en el Hotel del Parque el mismo día de su llegada. Durante los cuatro meses siguientes, tiempo que duró su permanencia en la “noble y leal”, él tuvo una agenda intensa y apretada.

Porque entre otras actividades, en Guadalajara Mr. Seven acudió a distintas fábricas y talleres para dialogar con obreros y empleados; en los cuatro sectores de la ciudad visitó numerosas casas habitación, donde saludó a las amas de casa; hizo un recorrido por las instalaciones del antiguo Hospicio Cabañas, enterándose ahí de las favorables condiciones de vida de los internos; también fue muy bien recibido en el Cuartel de Bomberos; departió asimismo con la carnavalesca concurrencia del baile de coronación de S. G. M. Yolanda I; y, en el Día del Estudiante, acudió la Preparatoria de Jalisco para charlar con alumnos de la universidad pública; además, en otro baile efectuado en el Club Atlas Paradero, tuvo ocasión de convivir con universitarios de una institución privada.

En todos esos lugares, al igual que en muchas emisiones del programa radiofónico Cascada de Plata, musicalizado éste por la orquesta que dirigía Manuel Gil y transmitido en vivo desde el atiborrado Teatro Estudio de la XELW; a manera de premios, Mr. Seven repartió algunos “bonitos obsequios y regalos en efectivo”, éstos por montos de 1, 5, 10 y 50 pesos en billetes o monedas contantes y sonantes.

La mecánica general para acceder a la repartición de esos muy buenos pesos, era muy sencilla, bastaba tener a mano una botella sin destapar del nuevo refresco que estaba causando sensación, y mostrarla a Mr. Seven cuando se tuviera la suerte de encontrarse con él. ¡Por cada botella de 7-Up, el portador de la misma obtenía la fabulosa cantidad de 1 peso!

Porque sí, efectivamente, Mr. Seven era sólo la imagen de una insólita campaña publicitaria, cuya única finalidad consistía en introducir en el mercado refresquero local el consumo de 7-Up, la bebida gaseosa lima-limón que en sus orígenes fuera considerada medicinal, dado que su fórmula contenía citrato de litio; marca que hoy en día, ya sin contener litio desde 1950, es propiedad de Pepsico.

Localmente, 7-Up era una bebida elaborada en la desaparecida fábrica “La Victoria”, ubicada en Colón 717, empresa orgullosa de ser la única de su tipo “en toda la República Mexicana que [lavaba] sus envases y [embotellaba] sus productos con agua purificada”, utilizando para ello una de las plantas tratadoras producida por International Filter Co.

Ahora, resulta difícil creer que una caracterización tan ingenua como la del millonario Mr. Seven, pudiera haber alcanzado tanto impacto. Parece imposible que esa actuación logrará semejante nivel de credibilidad social, en tiempos cuando en materia de publicidad todavía no se sacralizaba multi mediáticamente a los “creativos” ni a los “ejecutivos de cuenta”.

A su llegada a Guadalajara, se divulgó que Mr. Seven era estadounidense y que el origen de su viaje no había sido la Ciudad de México, sino los EEUU; algo que él reafirmaría cuando, al despedirse de los tapatíos, declaró que iba a la capital mexicana para tomar un vuelo rumbo a Nueva York; ya que tenía que retornar a su país de inmediato, pues había sido requerido para incorporarse a las filas del ejército norteamericano.

Hasta donde se sabe, nadie conoció públicamente la verdadera identidad de aquel supuesto millonario excéntrico y filántropo que un día llegó a Guadalajara, fungiendo como embajador plenipotenciario del refresco 7-Up.

Verdad o mentira, la publicitaria estancia en Guadalajara de Mr. Seven, al paso de los años no deja de sorprender divertidamente a quienes nos enteramos de ella.

Por Carmen Libertad Vera

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