En la ciudad más rica de América Latina fue creado hace 50 años un modelo para la educación básica de las mujeres que hacen labores de limpieza

Por Catalina Torres García

Cada semana, de miércoles a sábado, el Liceo de Monterrey se convierte por las tardes en la sede de la Escuela Nogalar, un proyecto iniciado en 1965 por tres mujeres prominentes de Monterrey: Eva Gonda de Garza Lagüera, Irma Zorrilla de Vera y Angélica Hinojosa de Sepúlveda, quienes crearon una institución de educación básica para las trabajadoras de los hogares de San Pedro Garza García, Nuevo León. De entonces a la fecha, más de 5 mil 500 alumnas han pasado por estas aulas poca conocidas.

Si uno se detiene a reflexionar sobre los 50 años de historia de esta escuela, puede imaginarse cada generación nueva de alumnas, los errores y nuevos planes de mejora, las nuevas metas, las nuevas luchas… Muchas mujeres han ayudado a construir lo que Nogalar es el día de hoy: una escuela que recibe entre 90 y 120 alumnas por ciclo escolar. Su misión es formar alumnas que puedan crecer como personas y estar más capacitadas para interactuar positivamente en la comunidad.

Un jueves por la tarde asistí a Nogalar y, después de pedir permiso a la actual directora, Oralia Treviño, para entrevistar a algunas de sus alumnas, me asomé a uno de los salones para preguntar quién de ellas podría hablarme sobre su experiencia en la escuela. Anny fue una de las primeras en levantar la mano para platicar conmigo. Caminó a mi lado y se reía de mis comentarios mientras buscábamos un lugar donde sentarnos para realizar la entrevista.

Ella es una joven de 17 años, de estatura mediana, piel blanca, un poco aperlada. Su cabello café lo lleva suelto y le llega apenas por debajo de los hombros. Sus ojos son cafés y tienen una permanente expresión de asombro. Usa pantalón de mezclilla y una blusa de manga corta sencilla. No parece usar maquillaje; si lo usa, es muy ligero. Sus maestras la describen como la “eterna rebelde”, y entonces pienso que tal vez por eso aceptó tan rápidamente salir de clase.

Anny es una adolescente como cualquier otra, sólo que a los 15 años tuvo que dejar sus estudios para dedicarse a trabajar como empleada doméstica. Muchas mujeres en México, no teniendo los suficientes recursos económicos, encaran la misma situación, y muchas de ellas dejan la escuela para siempre. Sin embargo, Anny, como sus compañeras, tuvo la oportunidad de continuar con su educación y mantener su empleo gracias a la Escuela Nogalar.

Anny considera que se enteró de la existencia de la escuela casi por azares del destino. Cuando comenzó a trabajar como empleada doméstica, su mamá la animaba a continuar sus estudios de preparatoria, pero la cosa no era así de fácil, ya que necesitaban del dinero proporcionado por su empleo. Además, si decidía continuar sus estudios, Anny necesitaba una escuela con horarios que no interfirieran con su trabajo. Fue así que, una tarde, su mamá se encontró en la calle a una joven que era también empleada doméstica. Ésta le recomendó la Escuela Nogalar para su hija, explicándole que era una institución muy buena y que daba muchas facilidades, tanto en la cuestión económica como en horarios.

Anny me aseguró que la mayoría de sus compañeras han llegado a la Escuela Nogalar por medio de sus patronas, que ya conocen el lugar y buscan ayudar a sus empleadas. Esto me llamó la atención, pues mi experiencia me hacía pensar lo contrario: que las patronas seguramente no estarían tan abiertas a la idea de enviar a sus empleadas a una escuela de este tipo, no porque no quisieran verlas salir adelante, sino porque muchas veces es difícil encontrar una joven que, además de trabajar bien y hacerse a las maneras de cada familia, quiera quedarse ahí por un tiempo prolongado sin irse de un día para otro. Con estas ideas en mente, le pregunté a Anny sobre el tema y me sorprendió que insistiera en que la mayoría de sus compañeras estaban ahí gracias a sus patronas. Me dijo que de hecho son ellas las que las traen en sus camionetas, las inscriben y las apoyan para que se superen y avancen en sus estudios. Esto se debe en parte a que la sede de Nogalar es el Liceo de Monterrey, así que es común que las patronas conozcan la escuela antes que sus empleadas; hay quienes hasta promocionan la escuela entre amigas, para que inscriban a sus empleadas también.

El caso de Anny es distinto. Tuvo que pedir permiso en la casa en la que trabaja para poder asistir a la escuela, pero no hubo ningún problema. De hecho, ella es una de las alumnas que asisten los cuatro días que la escuela está abierta (de miércoles a sábado). Para algunas, las clases interfieren con sus horarios de trabajo, así que asisten sólo unos cuantos días o faltan de vez en cuando.

—Esto es porque muchas ponen sus trabajos como prioridad, en lugar de la escuela —me dijo Anny con cara de lástima, pues cree que los estudios deben ir primero si en verdad una busca salir adelante.

Por eso me aseguró que siempre que se presenta la oportunidad, trata de animar a las compañeras que parecen cansarse o desanimarse porque no pasan los exámenes. Es un tema triste pero, aclara, comprensible. Anny es regiomontana, pero la mayoría de sus compañeras vienen de San Luis Potosí, de la Huasteca Potosina, de Veracruz y de Hidalgo. Estas jóvenes llegan buscando trabajo a San Pedro Garza García, con esperanzas de salir adelante y ayudar a sus familias económicamente. Llegan solas a una ciudad muy distinta de lo que acostumbran, no conocen a nadie y en ocasiones hasta batallan para hablar el idioma. Entonces toman un trabajo en el cual se les cuida, se les da de comer y hasta tienen dónde dormir. Con esto en mente, es fácil comprender por qué no quieren perder su empleo y por qué suelen colocarlo por encima de sus estudios.

Tras contarme lo anterior, Anny me insistió en que ella animaba mucho a sus compañeras. Y me aseguró que no es la única, ya que esa es una de las ideas que en la Escuela Nogalar más se les enseña: que sus estudios les abren muchísimas puertas y que siempre pueden superarse y llegar más lejos. Que siempre pueden ser mejores. Esta es una de las razones por las cuales Anny cree que Nogalar no es una escuela como cualquier otra, en la que simplemente se pasan las materias académicas, sino un lugar en el que enseñan a ser una mejor persona en muchos aspectos de la vida.

Al estar asociada con la Secretaría de Educación Pública (SEP), Nogalar cuenta con un sistema de educación abierta, el cual permite a las alumnas asistir a clases en los días en los que se les facilite, dependiendo de las exigencias de sus trabajos, y que presenten los exámenes en las fechas que consideren más prudentes (las fechas son previamente asignadas por la SEP). Aprobar estos exámenes es requisito para obtener el certificado que indica que las alumnas han concluido sus estudios académicos. Así, las alumnas simplemente dan un pago de 300 pesos por su inscripción a la escuela, luego 200 pesos de mensualidades (que incluyen todos los cursos académicos que la alumna desee tomar), el pago por los libros de cada materia y, finalmente, un pago de 100 pesos por cada uno de los exámenes.

Al hablar sobre la cuestión económica con la directora de Nogalar, Oralia Treviño, me aseguró que el dinero realmente no es un problema significativo para las alumnas, ya que además de que se cobra lo mínimo indispensable para los gastos que cada gestión requiere, se comprende que de pronto no les sea fácil pagar una mensualidad. Por ello, la escuela no es demasiado exigente con las fechas de pago, siempre y cuando éste se efectúe en cuanto a la alumna le sea posible.

Oralia comentó que algunos de los cursos que se imparten en Nogalar son adicionales y no forman parte de los estudios académicos de la SEP, como son el curso de Cocina —con un costo de mil 500 pesos por cinco sesiones de dos recetas cada una—y el de Primeros Auxilios. Estos cursos —al contar con sus propios materiales y depender de maestras que no forman parte del personal común de Nogalar— tienen un costo adicional, y por lo mismo son totalmente optativos. Oralia aseguró que estos cursos forman parte de los servicios que se trata de dar a las alumnas para que ellas se formen no solamente en el área académica, sino en otros aspectos que conforman a la persona; los cursos pueden serles útiles como herramientas para complementar sus empleos o para su vida personal.

Hablando con Anny sobre estos cursos optativos, me enteré de que algunas empleadas del hogar asisten a Nogalar únicamente para tomar los cursos adicionales. Esta es otra manera en la que la escuela se da a conocer. Hay además cursos sin costo aparte, como el de Inglés y el de Computación, que pueden ir incluidos dentro de la mensualidad común de las alumnas, ya que al ser considerados como cursos y no clases básicas que exige la SEP, no requieren libros de texto ni pago de examen.

Las alumnas también reciben clases optativas de imagen personal, de formación moral y doctrinal. Por esta última, Nogalar ofrece también la opción de preparar a las alumnas que lo deseen para recibir de manera gratuita los sacramentos de bautismo, primera comunión y confirmación, siendo que la Prelatura Personal del Opus Dei (institución de la Iglesia Católica) se encarga de la formación espiritual y doctrinal de las alumnas.

El resto de clases son impartidas por maestras que forman parte del personal de Nogalar o por alumnas de la Universidad de Monterrey (UDEM) que colaboran en esta escuela como parte de su servicio social. Marina Garza es una estudiante de 22 años de edad. Estudia la Licenciatura en Relaciones Internacionales en la UDEM y actualmente realiza en Nogalar su servicio como maestra de la clase Ser Social y Sociedad. Es una joven de cabello café claro, piel blanca y ojos grandes. Se ha ganado fama entre sus alumnas por ser la maestra más alegre, lo cual se puede notar inmediatamente al conocerla, pues su sonrisa jamás desaparece. Marina me aseguró que hacer su servicio social en Nogalar era prácticamente como estar trabajando en familia, ya que ella es ex-alumna del Liceo de Monterrey.

Marina comentó que desde que ella era pequeña sabía que las alumnas de la Escuela Nogalar ocupaban los salones del Liceo, y en el colegio les contaban un poco sobre todo esto. A veces, al quedarse por las tardes a entrenamientos, si llegaba a pasearse por los salones, podía ver a las alumnas caminando por ahí o en los salones. Marina recuerda que esto le parecía un poco extraño porque no estaban acostumbradas a ver a las empleadas ahí, pero me aseguró que ya pasados los años se fue haciendo a la idea, dándose cuenta de que es una buena labor. Incluso me contó que actualmente algunas alumnas de preparatoria del mismo Liceo también dan clase en Nogalar como parte de su servicio, lo cual contribuye a que las alumnas del Liceo se familiaricen con esta asociación.

Fue por este tipo de familiarización que al considerar los distintos lugares en los que podía realizar su servicio social, Marina no dudó en apuntarse en Nogalar. Considera que es el mejor lugar en donde podría haber realizado su servicio, no solamente porque ya conocía tanto las instalaciones como el trabajo que se hace en esta escuela, sino que, me aseguró, que como maestra se da cuenta de que las alumnas en verdad quieren estar ahí y que se nota muchísimo el esfuerzo que ponen para ir al corriente y asistir a las clases. Una de las cosas que más llaman la atención de esta joven, contrastándolo con su propia realidad, es que muchas de las alumnas se muevan en camión o incluso se las encuentre a veces caminando por las calles en su camino a la escuela, haga frío, calor o lluvia.

—Es impresionante ver esto y pensar que no tienen la vida fácil. No como nosotros, que muchas veces faltamos a clase simplemente porque no tenemos ganas de ir o nos da flojera —comentó Marina, convencida de que Nogalar les da una excelente oportunidad y todas las facilidades para que sigan luchando por no abandonar sus estudios, sino que los terminen.

Al ser conscientes del esfuerzo que sus alumnas ponen, jóvenes como Marina buscan poner de su parte para ayudarlas en todo lo que pueden. Algunas de estas maestras incluso conceden horas extras a las alumnas que así lo piden para asesorarlas personalmente cuando lo necesitan. Marina considera que este tipo de apoyos contribuyen a que las alumnas no se desanimen, pues así pueden ayudarlas a obtener mejores resultados en sus exámenes, lo cual les hace ver que el esfuerzo que ponen a sus estudios sí vale la pena.

Después de todo lo mencionado, parecería que a sus 50 años, la Escuela Nogalar ha demostrado tener un enorme éxito. Sin embargo, los frutos no se han obtenido de manera fácil. Como muchas instituciones que surgen para un beneficio social, Nogalar se ha mantenido en pie gracias al apoyo de muchas personas que contribuyen: sus maestras, el Liceo de Monterrey y los varios benefactores y amigos de la institución, que ayudan a sostenerla económicamente mediante donativos.

Así ha sido desde los comienzos de la escuela, según Juana Ambriz, una de las primeras maestras de Nogalar. Juanita, como todas la llaman de cariño, actualmente ya no trabaja en Nogalar, pero no hay miembro del personal que olvide lo importante que fue su colaboración para sacar Nogalar adelante. Juanita cuenta que estuvo ahí desde los comienzos, cuando las clases se impartían en una casa que se encontraba por El Mirador y organizaban rifas, bazares y vendían pasteles para poder juntar el dinero que se fuera necesitando. En ese entonces se daban solamente clases de cocina y de “corte” (costura). Más adelante, la escuela se mudó a otra casa, ubicada entre Padre Mier e Hidalgo. Así funcionó hasta que un día, buscando dar una formación más completa a las alumnas, que ya desde entonces eran solamente empleadas del hogar, Juanita se puso en contacto con Laura Barragán de Elizondo, que trabajaba en la Dirección General de Educación y que con una simple llamada las ayudó a incorporarse a la SEP. Poco a poco fueron llegando más alumnas, se les pudo dar una formación más completa y, finalmente, se llegó al Liceo de Monterrey, dando acceso a instalaciones de mayor espacio, comodidad y profesionalidad en sus estudios, lo cual es una motivación más para ellas.

Por lo que cuentan Juanita y otras tantas que han escuchado la historia de la Escuela Nogalar, es evidente lo mucho que ha crecido la institución. Quienes han colaborado con esta escuela se complacen en ver que tras tantos años, el proyecto no solamente sigue en pie y funcionando, sino que crece en número de alumnas y en su afán por llegar a más, para poder ayudar a más jóvenes. Los 50 años de la Escuela Nogalar representan el gran esfuerzo invertido en esta labor, tanto por quienes han colaborado en su funcionamiento como cada alumna que ha sabido aprovechar las oportunidades que Nogalar le ha proporcionado.

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