De los eventos sucedidos el 19 y 20 de junio de 2016 en Oaxaca

Por José Stalin Pedro

Noche tensa de domingo en el Zócalo de la Ciudad de Oaxaca

19 de junio de 2016. A varios metros sobre la Avenida Independencia se logra distinguir el humo negro de un par de llantas apiladas sobre el asfalto. Mientras más cerca, el olor a llanta quemada es cada vez más penetrante; las llamas alcanzan aproximadamente el medio metro de altura. Un autobús del servicio de transporte urbano de la ciudad atraviesa las calles de Independencia, esquina con Porfirio Díaz. Algunos curiosos que caminan por esas calles sacan sus teléfonos celulares para captar la imagen que recuerda el ambiente de hace 10 años en Oaxaca. Son las siete de la noche.

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A raíz de las incursiones de la policía federal para dispersar el bloqueo que mantenía el Sindicato de Trabajadores de la Educación de la Sección 22 del CNTE, en la comunidad de Santa María Nochixtlán, ubicado a aproximadamente una hora del centro de la Ciudad de Oaxaca, en donde hubo seis personas fallecidas, así como centenares de detenidos y heridos, además del desalojo en la caseta de cobro de Huitzo y de la misma forma en el crucero de Hacienda Blanca, en el Zócalo de Oaxaca se mantenía un ambiente tenso.

Aproximadamente a las nueve de la noche, el cuchicheo, así como los rumores de la posible incursión policiaca en el primer cuadro de la ciudad hizo que profesores, adultos y jóvenes solidarios se unieran para cerrar las principales bocacalles del centro histórico con más de diez barricadas. Palos y piedras salían a relucir a la espera del arribo de las fuerzas del orden. “Dicen que reportaron balazos en la calle de Bustamante y Colón”, dice un joven a otro. “Eso me dijo mi mamá”, le responde otro joven vestido de camisa a cuadros, jeans azules y tenis deportivos.

En una barricada sobre la calle de Hidalgo y 20 de Noviembre se escuchan varias voces corear: “Ese apoyo si se ve. Ese apoyo si se ve”, ante la entrega de una bolsa grande llenas de tortas que una familia obsequia a los manifestantes ahí congregados. La mayoría se mantiene alerta, se comunican entre barricadas. De repente, un helicóptero de la policía federal sobrevuela la zona. Se escucha chiflidos, mentadas de madre; un cohete pirotécnico pasa a un lado de la aeronave, señal de alerta. “Háganse a la orilla, esos culeros pueden tirar desde arriba”, le grita un manifestante a sus compañeros.

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A eso de las nueve en punto de la noche, junto a tres colegas reporteros, caminamos sobre las calles de Valerio Trujano, esquina con J.P. García. La gran mayoría de las tiendas se encontraban cerradas. Aprovechando que aún había una tienda abierta, nos compramos un refresco de cola. Bajamos sobre J.P. García y doblamos a la izquierda sobre la calle de las Casas. La noche era muy tranquila, el aire que recorría el centro histórico era muy agradable pero a la vez se sentía suspenso, las calles vacías. Cinco personas empujan sus carritos de hot dogs con dirección a la central camionera. No tendrán ventas esta noche.

Café para aguantar la noche

Durante todo el tiempo se manejó información bastante confusa. en las redes sociales daban por hecho que la policía federal había entrado a desalojar a los manifestantes apostados en el Zócalo de la Ciudad. De la misma forma, los mensajes vía WhatsApp señalaban que 10 camionetas con policías federales se dirigían al centro de la ciudad. En algunos mensajes se pudo leer que la policía había declarado toque de queda ante la amenaza de desalojo.

Mis colegas y yo seguimos caminando sobre la calle de las casas y doblamos a la izquierda sobre la calle de Armenta y López. Ahí se encontraban escasas 10 personas. Todos ahí rumoraban la información falsa que se difundía en ese momento, todos ahí se encontraban a la expectativa. Seguimos caminando hasta llegar a la avenida independencia, esquina con 5 de mayo; ahí se encontraba un nutrido grupo de manifestantes.

Olor a llantas de automóviles quemadas. Varios jóvenes atizaban más el fuego que desprendían los neumáticos con cartones; todos estaban en alerta máxima. Seguimos caminando sobre la avenida Independencia hasta encontrarnos con la esquina del andador turístico Macedonio Alcalá. Ahí decidimos quedarnos y esperar hasta que sucediera el posible “desalojo”, que nunca ocurrió.

Eran las once de la noche aproximadamente. Varios jóvenes con palos, bates de beisbol, así como tubos en la mano esperaban alertas. Mientras esperábamos, uno de mis colegas nos ofreció un cigarrillo. No había nada, los rumores en mensajes de textos seguían, las redes sociales estaban inundadas de información falsa, incluso un portal de comunicación nacional afirmó de manera irresponsable que la policía había entrado al Zócalo de la Ciudad de Oaxaca.

Eran las doce de la noche. Tres personas pasaron a ofrecernos café para aguantar la desvelada: “Compañeros reporteros, ¿gustan café para que aguanten el sueño?”, nos dijo una señora de aproximadamente 50 años de edad. A esa hora varios jóvenes que salían de alguno de muchos bares que pululan en el centro de la capital Oaxaqueña caminaban rápido y temerosos, tal vez de encontrarse en el lugar y en la hora equivocada.

Mis compañero y yo decidimos seguir esperando. Atendíamos llamadas y mensajes para desmentir que la policía federal había entrado al Zócalo. Las llamas de los neumáticos y los cartones que se quemaban bajaron, los camiones que hacían escudo a las barricadas seguían ahí. Varios jóvenes que se encontraban en la esquina de las calles de García Vigil e Independencia gritaban y convivían con sus demás compañeros. Seguíamos esperando, no habían más de 150 personas en todo el Zócalo.

El día fue cansado. Decidimos marcharnos a la una de la mañana. Al día siguiente, la versión oficial del gobierno del estado de Oaxaca manejaba la detención de varias personas, así como la muerte de ocho manifestantes por armas fuego. Según ellos, ninguno pertenecía al magisterio oaxaqueño, como si las muertes de personas civiles no importaran.

Marcha de la Sección 22 ante la brutal represión en Asunción Nochixtlán, Oaxaca

20 de junio de 2016. Después de la brutal represión sufrida el día domingo, la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación de Oaxaca convocó a una manifestación en el monumento a Juárez, lugar en donde se vio a miles de participantes con mantas y cartulinas en apoyo a la Sección 22, repudiando la represión, así como en contra de la abolición de reforma educativa promulgada por el Presidente de la Republica, Enrique Peña Nieto.

La versión oficial del gobierno del Estado de Oaxaca ha reconocido a varios detenidos, así como a ocho personas civiles muertas durante el enfrentamiento entre ambas partes. En dicho lugar, los maestros de la Sección 22 recibieron el apoyo de los habitantes de la comunidad arriba mencionada para replegar a los elementos de la gendarmería nacional, quienes se encontraban en su tradicional domingo de plaza.

A las 10 de la mañana del día lunes 20 de junio, partió la marcha sobre la carretera federal 190 con dirección al Zócalo de la Ciudad de Oaxaca. En el trayecto, miles de manifestantes coreaban consignas en voz alta: “Ahora, ahora, se hace indispensable, presentación con vida y castigo a los culpables”, “Prensa, prensa, prensa, si tienes dignidad, nosotros te pedimos que digas la verdad”, se escuchaba, en voz de todos los presentes.

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Al haber recorrido aproximadamente un kilometro de distancia, y al pasar enfrente del edificio que ocupa el Instituto de Educación Pública de Oaxaca, los manifestantes, al ver que el edificio se encontraba resguardado por la Gendarmería Nacional, encararon a los uniformados, coreando: “Con el pueblo bien chingones, con el narco maricones”.

También en dicho lugar hubo un momento de tensión cuando varias personas empezaron a acercarse mucho a los guardianes del orden. “Compañeros, integrémonos a la marcha, no caigamos en provocaciones”, se escuchaba desde el altavoz de una camioneta Ford blanca. Los participantes llevaban consigo carteles con varias leyendas alusivas al presidente de la República: “Peña Nieto, basta de represión a los maestros activos de la Sección 22”.

También varias cartulinas traían consigo la leyenda en alusión al gobernador del estado, Gabino Cué Monteagudo: “Gabino no sabe gobernar lo único que sabe es matar”. Durante el recorrido, muchas personas mostraron su respaldo al magisterio disidente. Un joven con rastas, acompañado de dos personas más, alzaba un cartel que decía: “El maestro luchando también está enseñando”, “Pueblos de Oaxaca, estamos con los maestros”.

Al llegar a la altura del estadio de beisbol de los Guerreros de Oaxaca, una enorme fila de gendarmes se encontraba cerrando la calle de Derechos Humanos y mirando el paso de la marcha realizada por el magisterio. En ese lugar no hubo ninguna tensión, sólo se escuchaban los gritos de “Asesinos, asesinos”, coreados al paso en que avanzaba la marcha con dirección a centro de la ciudad.

Eran a las 14 horas. En los altavoces se escuchaba salir una voz que decía: “Nos informan que acaba de arribar el primer contingente al Zócalo de la Ciudad”. La mitad de la marcha aún se encontraba a 17 cuadras del Zócalo, en las avenida Héroes de Chapultepec y doblando sobre la avenida Benito Juárez. Pasando frente al parque conocido como el Llano sobre la avenida Juárez, se encontraban cerradas las puertas de acceso de los Juzgados Federales.

En la fachada de dichos juzgados se encontraba una manta colgada con la leyenda: “La constitución ha muerto”, y al lado un moño negro. En ese lugar muchos jóvenes universitarios mostraban el respaldo a los manifestantes. Varias personas, entre ellos varios niños, traían consigo carteles en donde se encontraban escritas sus muestras de apoyo: “Soy estudiante y apoyo a la Cnte”, en referencia a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación de la cual la Sección 22 del magisterio Oaxaqueño forma parte.

Al llegar sobre la calle de Morelos, la marcha siguió hasta la calle de García Vigil. Ahí doblaron a la derecha para llegar al Zócalo de la capital del Estado, lugar en donde el magisterio se encuentra en un plantón y en donde se realizó un mitin con organizaciones sociales, estudiantes, el Sindicato de Trabajadores de la Secretaría de Salud (Sección 35), así como autoridades municipales en donde le mostraron el respaldo político a la Sección 22 del SNTE.

Para finalizar el mitin tocó turno a uno de los integrantes de la comisión política de la Sección 22 para enviar un mensaje a los ahí presentes: “Condenamos los hechos en contra de nuestros hermanos dignos de Nochixtlán. Desde aquí denunciamos sus crimines de lesa humanidad, desde aquí exigimos una mesa de ‘negociación’ a nivel federal que resuelva la ‘abrogación’ de la mal llamada reforma educativa”, sentenció el orador.

También, ante miles de presentes, exigió el juicio político de las autoridades del ámbito estatal y federal: “Juicio político a todas esas autoridades, así como continuar en la construcción de una agenda común en donde se concentre todas las demandas del pueblo; no sólo del magisterio, sino de toda la sociedad”. Finalizaron el mitin con el puño izquierdo en alto e interpretando el himno “Venceremos”, de la Unidad Popular marxista chilena.

 

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