Investigadores en contubernio con funcionarios nos han enseñado/educado que se puede medir la violencia, que existe en diferentes grados y desde luego hacia diferentes tipos de la población. Una vez realizado uno de los muchos estudios que por lo general duran años y es avalado por lo general por alguna universidad lejana se intenta atender una problemática relacionada con la violencia muchas veces con resultados en papel pues la violencia no termina.

Este fin de semana llamaron mi atención dos notas: una internacional y una local, que si bien distan mucho en cantidad de impacto, no son tan diferentes. Ambas tienen como catalizador el odio, hartazgo e insensibilidad hacia la humanidad o el poco razonamiento o sentido común.

El Tuca

Ricardo “El Tuca” Ferreti es el actual Director Técnico (sea lo que es signifique) de uno de los equipos de futbol de la ciudad. Tiene un pasado futbolero y grandes premios que lo avalan como un gran estratega del futbol. En México este deporte está más relacionado al entretenimiento que al desarrollo físico; mucho dinero convierte el balompié en un gran negocio, y los medios de comunicación hacen y deshacen ídolos, además de aplaudir como focas las tonterías que los miembros de este “selecto” grupo de personas realizan.

Es normal (sea lo que eso signifique) que al dirigir uno de los equipos con más dinero de Latinoamérica, el director técnico pueda darse el lujo de tener un auto de lujo, así que un flamante y rojo Ferrari es el vehículo del técnico felino. Su auto valuado en miles de dólares fue chocado en un accidente por una persona adulta, cosa que enfureció a Ricardo Ferreti, quien se bajó, ofendió y maldijo al conductor para cerrar con broche de oro y mandarlo a “chingar a su madre”

La conducta violenta de un líder de opinión fue puesta en la mesa mediática. Causó risas, comentarios chuscos, bromas y memes, pero pocas reflexiones acerca de la exacerbada violencia de quien debe guardar las formas y tener un comportamiento ejemplar. Si bien el futbol se ha convertido en un circo de payasos, no debe ser un circo romano donde se mancille y ofenda.

Seguramente los directivos y sobre todo las marcas que auspician el trabajo de una marca como Tigres hablará al respecto. Qué miedo ser el director de mercadotecnia de un Banco como AFIRME y tener dentro de tus principales “héroes mediáticos” y estrategas para vender a una persona como Ricardo “Tuca” Ferreti: chiflado, de malos modos y energúmeno incluso fuera de la cancha.

Orlando

Cuando nos levantamos el domingo, después de tomar el smartphone para saludar a la humanidad y nos informamos gracias a las redes sociales sobre la masacre ocurrida en Orlando, fue complicado pensar en un desayuno tranquilo. Era inevitable no tener un nudo en la garganta al ir conociendo la verdad acerca de esa masacre enmarcada en ignorancia y odio.

Es lunes al mediodía. Podemos contabilizar la cifra oficial de muertos y hacer un análisis más completo gracias a la información comprobada. Pero regresamos al origen: el odio, poca sensibilidad hacia los de su misma especie; eso es lo que detonó la masacre de 50 personas y otros 50 heridos de gravedad.

Pensemos dos veces antes de reírnos de las cosas. Sin ser fatalistas, tratemos de analizar el comportamiento de personas, y más cuando tienen en sus manos la oportunidad de dar ejemplos a la sociedad. Ricardo, el algunas veces llamado “Angry Tuca”, ha caído de mi gracia y me ha hecho sentir vergüenza de ser fan de mi equipo de toda la vida. Su comportamiento nefasto y de odio hacia alguien de su especie por haber chocado su auto deja mucho que desear, y sin bien no lo pone en esa “escala de violencia” con el asesino de Orlando, tiene más en común que con la gente buena y risueña. Nadie sabe dónde inicia la mecha que hace estallar la bomba, pero todos sabemos que el odio es el cerillo.

VIOLENCIA NO

Por El Gato Raro

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