FILME: Koyaanisqatsi

DIRECTOR: Godfrey Reggio

AÑO: 1982

PAÍS: EUA

Una imagen vale más que mil palabras, y, en conjunto con la música, pueden crearse discursos igual de interesantes y reflexivos. Koyaanisqatsi es precisamente esto: un largometraje experimental cuya narrativa se presenta mediante la yuxtaposición de la fotografía de Ron Frickle y una excelente banda sonora compuesta por Phillip Glass, sin presencia de diálogo o siquiera una voz en off.

A lo largo del documental se exploran distintos paisajes norteamericanos mientras que el soundtrack (siempre inquietante) ofrece una atmosfera lúgubre, omnipresente y, en momentos, al filo de una catástrofe (esto entre muchas otras cualidades que me son difíciles de describir). Empleando técnicas como el slow motion y el time-lapse, esta obra de Godfrey Reggio remite al documental Man with a movie camera (1929) del soviético Dziga Vertov, creando una experiencia abierta a la interpretación del público.

Con el paso de los años, Koyaanisqatsi —primer filme en una serie de tres conocida como la trilogía Qatsi— se ha convertido en una película de culto. Su nombre deriva de un vocablo del dialecto hopi cuyo significado es “vida (o existencia) en desequilibrio”. Es precisamente este mismo desbalance el que se hace presente una vez que pasamos a las zonas urbanas, en donde podemos empezar a identificar un ambiente cada vez más tenso. Las ideas que surgen contrastan unas con otras: fealdad y belleza, paz y violencia, caos y simpleza. Los encuadres se ven repletos de personas o automóviles que no paran de caminar y caminar; de recorrer aquellas largas carreteras.

Somos demasiados. Tantos que, vistos desde una perspectiva superior, no parecemos más que una pila de insectos, empedernidos y encapsulados en una misma y eterna rutina. Una rutina alta en consumo y excesos, en la que hasta nuestra propia comida es procesada y artificial; en la que hemos hecho de la tecnología un instrumento más de muerte; en la que el dinero dirige al mundo.

Admito que llevo varios meses reservándome para ver este documental, y el resultado fue una experiencia única y muy interesante. En momentos parecía que lo que observaba era una inminente película de terror, y si bien este filme pertenece a la década de los 80, su discurso sigue siendo relevante. Los tiempos han cambiado pero aun tenemos muchísimos problemas como sociedad.

En los momentos finales del filme se escuchan los siguientes cánticos que provienen de las profecías Hopi: “Si cavamos los preciosos objetos de la tierra, estaremos invitando al desastre. Cerca del día de la Purificación, habrá telarañas que cubrirán por completo las nubes. Un depósito de cenizas podría ser arrojado del cielo, quemando la tierra y haciendo arder al océano”.

Con esta última advertencia cierra Koyaanisqatsi, una obra contundente y de intenciones claras para sus espectadores que nos habla, de la manera más directa, acerca de la relación forjada entre hombre, tecnología y naturaleza, y que, de seguir el camino que llevamos, es probable que nos depare un final cercano e inminente.

Por Sergio Osvaldo Valdés Arriaga

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