Ilustraciones de la serie ‘Colores urbanos II’ por Dose

En una serie española que triunfa hoy en las pantallas vuelven a condenarla por bruja e infanticida, aunque cuando murió en la cárcel en 1913 ya se sabía que La Vampira del Raval sólo era una mujer castigada por la pobreza y la soledad. Prostituta, mendiga, herbolera, matrona y practicante de abortos. La historia real de Enriqueta Martí es mil veces más apasionante que ese relato gore con el que vuelve a apuntalarse toda la misoginia y el clasismo de este mundo. Y el miedo inculcado hacia las mujeres que deciden sobre sus úteros. Se calcula que el 85% de los cuerpos que ardieron en las hogueras de la cristiandad fueron mujeres. Aquel feminicidio fundacional se cebó contra las curanderas que ayudaban a las vecinas con su salud sexual y reproductiva.

Como aquella bandera yankee que hondeó en la luna, en la genitalidad femenina nos clavaron alfileres con los nombres de los padres blancos de la ginecología. En los siglos XVI y XVII, hubo una disputa entre Falopio y otro señor nada menos que llamado Colombo, para atribuirse el descubrimiento del clítoris; todavía hoy nuestras trompas llevan el nombre del primero. Gracias al trabajo de investigación y akelarre de mi amiga chilena Klau Kinki, hemos recuperado la memoria de aquellas esclavas negras que fueron sacrificadas en nombre de la Medicina. Nacida cautiva en Alabama, bendecida con un nombre tan hermoso como Anarcha, fue operada sin anestesia más de treinta veces entre 1840 y 1845 por el doctor y cacique James Marion Sims, todavía hoy considerado una eminencia en el conocimiento de la anatomía femenina. La glándula gracias a la que las mujeres eyaculamos sigue cargando con el nombre de un discípulo de Sims, Alexander Skene. Muchas migrantes irlandesas que huían de la hambruna acabaron diseccionadas por este médico escocés. Para nosotras y por siempre será la glándula de Anarcha.

Klau me dice que debemos cometer un parricidio histórico que descolonice nuestros cuerpos y borre el nombre de aquellos ginecófobos. Porque somos las nietas de las brujas que no pudisteis quemar.

Por Itziar Ziga

*Publicado en Parole de Queer 

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