FILME: El botón de nácar

DIRECTOR: Patricio Guzmán

PAÍS: Chile

AÑO: 2015

Agua: sinónimo de vida y movimiento. Voz de nuestros ancestros pero también de las estrellas. En nuestro planeta poseemos una gran variedad de mares y océanos, de riachuelos y lagos; nosotros mismos estamos conformados de agua. Por otra parte, en el cosmos, entre los cometas y el resto de las constelaciones, encontramos agua convertida en hielo.

Es este último pensamiento el que nos incita a la siguiente pegunta: de haber agua en otras partes, ¿habrá vida también? Con esta pequeña reflexión, Patricio Guzmán nos transporta hasta la Patagonia, una región en donde habitaron comunidades indígenas como los alakalufes y los yámanas o yaganes, que sufrieron grandes bajas con la llegada de los colonos europeos.

Fue en esta misma época cuando el teniente inglés Fitz Roy decidió llevarse a un grupo de indígenas con el objetivo de civilizarlos. Uno de ellos accedió a cambió de un botón de nácar, por lo que partir de entonces, este nativo fue conocido como Jemmy Button. Jemmy Button viajó años al futuro, hacia un mundo desconocido, hacia un planeta lejano y distante, ajeno a todas sus costumbres y experiencias. Un mundo en donde tuvo que aprender a volverse uno de ellos.

Tiempo después, Fitz Roy decidió emprender un nuevo viaje hacia su lugar de origen, por lo que Jemmy Button tuvo que regresar al pasado, a una tierra que había dejado atrás en el tiempo. Una vez ahí, pisado aquel enorme paisaje, Jemmy Button no pudo volver a conectarse con sus raíces. Por más que lo intentara, había dejado de ser él mismo para siempre…

Los mapas de Fitz Roy abrieron la posibilidad de que el resto de los colonos europeos visitaran estas regiones, acabando con muchos de los pueblos nativos al traerles enfermedades o muerte a manos de quienes los consideraban salvajes. Y, con la dictadura chilena, miles de indígenas perecieron ante la retorcida curiosidad del hombre moderno.

Son muy pocos los descendientes de aquellos que sobrevivieron. Sin embargo, estos aún poseen una sensibilidad hacia el entorno natural que los rodea. En una de las escenas más interesantes de El botón de nácar, el antropólogo Claudio Mercado realiza un canto que (mediante el montaje) se contrapone con imágenes de gotas y chorros de agua en slow motion, como si de alguna manera estuviera describiendo sonoramente la importancia y el ritmo de este liquido.

Es en los momentos finales del documental donde Patricio nos cuenta el caso de un cuerpo que fue devuelto por el mar, víctima de los campos de concentración chilenos. Gracias al abogado de la familia y el escritor/periodista Javier Rebolledo, Patricio reconstruye los últimos momentos de la profesora Marta Ugarte.

El botón de nácar resalta por sus cualidades narrativas y visuales; cada momento es íntimo, personal y poético. La filmografía de Patricio Guzmán se destaca por documentar tópicos relacionados con el pasado histórico de Chile, en particular sus aspectos políticos. Sin embargo, con este nuevo par de obras (El botón de nácar y Nostalgia de la luz), es capaz de encontrar más, estableciendo conexiones y metáforas con ideas que, al comienzo, no parecen tener nada en común.

Para él, el pasado no deja de ser importante. El pasado nos marca, dejando heridas y cicatrices que, para muchos chilenos, estas siguen abiertas. Y es que las decisiones que tomamos tienen consecuencias y, por más que uno quiera, ningún secreto es para siempre.

De esta manera, el mar conserva la memoria histórica de la dictadura chilena. El mar se convierte en un testigo de los hechos. El mar tiene, además de memoria, voz, y mediante ciertos indicios está buscando que toda verdad salga a la luz. Sólo es cuestión de detenerse y escuchar.

Por Sergio Osvaldo Valdés Arriaga

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