Ilustración de la serie ‘Primavera violeta en Monterrey’ Por Olivia Peregrino

Yo no soy Ayotzinapa. Lamento romper abruptamente sus románticos #hastag, pero es necesario dejar en claro desde donde hablo. No soy Ayotzinapa porque no soy pobre, no soy indígena ni campesina y tampoco soy hombre. Sé dónde estoy parada, sé que soy una estudiante mestiza, pasante de una carrera burguesa, de una universidad privada y  diagnosticada como mujer al nacer con todas las implicaciones culturales, políticas y sociales que eso conlleva.

Yo no soy Ayotzinapa porque no soy una estudiante incomoda de una normal rural, no soy símbolo de rebeldía social ni de resistencia indígena. No soy Ayotzinapa porque mañana no vendrá la policía a sacarme de mi trabajo para entregarme a un grupo de sicarios al servicio del narco-Estado para que me desaparezcan. No soy Ayotzinapa porque si mañana me secuestran, me violan y me asesinan a la salida del trabajo no habrá multitudes marchando para exigir justicia. Yo no soy ellos, porque toda violencia y conflicto está atravesada por la clase, por la raza y por el género, con todas las opresiones y privilegios que eso implica, y es indispensable el análisis desde ahí para no caer en romanticismos.

Yo soy la indígena asesinada en un crimen racista. Yo soy la mujer violada y desmembrada a la salida de la maquila. Yo soy la estudiante secuestrada por las redes de trata. Yo soy la mujer golpeada hasta la muerte por un hijo sano del patriarcado. Pero nosotras no somos  Ayotzinapa ¿Y por eso ustedes no nos lloran?

Cuando nosotras somos las desaparecidas, las asesinadas, las violentadas ¿Por qué nos convertimos en ELLAS, nuestras, … pero nunca en todxs? Nosotras somos LAS muertas de Juárez, LAS desaparecidas del estado de México, NUESTRAS niñas ¿Por qué?

México es un país inseguro. Es uno de los sitos más peligrosos para ser periodista, mujer y luchar por los derechos humanos, y también es un país que está en guerra contra las normales rurales. Las normales rurales enfrentan desde hace años una guerra sucia que pretende desaparecerlas por ser un icono de resistencia, por abogar por una formación socialista y popular, pero sobre todo porque forman educadores bilingües que llevan educación a comunidades indígenas;  a un Gobierno neoliberal al servicio del imperialismo no le conviene que sus poblaciones racializadas y empobrecidas tenga acceso a una formación socialista, bilingüe y popular porque la rebeldía es contagiosa y México no necesita más indígenas y campesines alzades, necesita mano de obra barata para Shell.Es lamentable lo que está pasando con las normales rurales en México, es repudiable el terrorismo de Estado cometido contra los normalistas. Pero también es lamentable que nos olvídenos que ese modelo neoliberal se ha estado tragando a las mujeres del desierto desde los años noventa ante el silencio de todes ustedes, de todos nosotres. Es repudiable que guardemos silencio ante el secuestro de miles de niñas que son usadas para engrosar las arcas del crimen organizado vendiéndolas como esclavas sexuales.

Me solidarizó con Ayotzi porque he aprendido a escuchar les otres, porque ya no necesito visibilizar a otras personas como parte de mi familia o círculo cercano para indignarme. Porque no necesito pensar que me puede pasar a mí para que me de rabia. Pero sobre todo porque para mí, el tema de Ayotzinapa sí puede ser leído desde el feminismo. ¿Por qué? Porque es evidente que para el sistema patriarcal los normalistas fueron castigados por ser contrarios al estereotipo de progreso y desarrollo es decir el hombre blanco, heterosexual y burgués. Ellos eran empobrecidos, racializados y con ideales socialistas, carne de cañón, no humanos, no hombres, esclavos. Sin embargo como feminazi enferma de rabia no puedo dejar de apuntar que también veo los privilegios de género. Para la sociedad no son leídos del mismo modo que para el sistema patriarcal, para la sociedad patriarcal son hombres, valientes, héroes y entrañables. El sistema patriarcal los desaparece y la sociedad patriarcal los convierte en figuras románticas representantes del colectivo, sujetos de lucha universal y por tanto causa de indignación de multitudes. La máquina feminicida alimentada por los Gobiernos neoliberales y el sistema heteropatriarcal capitalista desaparece, viola y asesina todos los días miles de mujeres y jamás he visto que seamos encabezado de periódicos, ni razón de marchas o quema de edificios.

A nosotras nos venden, nos violan y nos matan todos los días, de a poco a poco. También somos terrorismo y crímenes de Estado. Nosotras también somos pobres, racializadas, estudiantes y símbolo de rebeldía porque ser mujer y sobrevivir en México es un acto de resistencia y no he miradoal socialismo exigiendo la presentación con vida de las desaparecidas; Sin feminismos no hay socialismo, el capitalismo no caerá sino cae el patriarcado primero. No he visto al EZLN marchando para exigir que paren los asesinatos de mujeres; sin feminismos no hay otro mundo posible, ni un mundo donde quepan muchos mundos.

Nosotras no somos Ayotzinapa. Nosotras somos Juárez, Estado de México, Chiapas y Guanajuato.

No todos somos Ayotzi. Ayotzinapa son ellos. Yo no soy Ayotzinapa. Nosotras no somos Ayotzinapa y no creo que sea necesario universalizar desde nuestra lógica inclusiva para compartir la rabia y el clamor de justicia. Sin embargo ¿Qué es necesario para que ustedes se sumen a nuestra causa? 

Por Dhalia

*De su blog organizando la rabia.

 

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