¿En qué selvas se pierde un mataniños?

Por Alba Calderón

La noche en que asesinaron a su hija Violet, Diana Ivonne Mancilla Neve tuvo que irse a trabajar aunque no quería. A sus 20 años era mesera en un billar de la Zona Rosa del Distrito Federal. Ese día discutió con su novio, Jonathan Ramírez Teolotitla, y al final él terminó por convencerla de que debía ir a sacar el gasto con el que sostenía los dos cuartos que rentaban en la colonia Avándaro, en Valle de Chalco. Diana Ivonne regresó a las seis de la mañana. Su suegra, María Magdalena Teolotitla, estaba en la casa acompañando a su hijo, y ella supo que algo andaba mal. La pequeña Violet se quejaba desde la cama: ya casi no podía llorar, le habían estallado las vísceras.

Diana preguntó qué había pasado con su hija. Jonathan mintió diciendo que estaba enferma y había vomitado. Violet fue llevada por su madre a tres hospitales distintos antes de que la admitieran en alguno. Jonathan Ramírez las acompañó hasta que en el Hospital General Xico solicitaron la papelería de la niña. Entonces Diana le dio a su novio las llaves de la casa y el poco dinero que le quedaba para que fuera por las cosas. Nunca lo volvió a ver. Se fue con todos los electrodomésticos que se pudo robar del lugar que rentaban. Mientras tanto, Diana se enteró de que las vísceras de Violet habían estallado a causa de una golpiza que le había dado su novio.

La niña fue declarada muerta a las 7:10 de la mañana de aquel viernes.

La abuela de Violet, Beatriz Neve, se enteró de la muerte por celular. Acompañó a Diana ante la Fiscalía de Homicidios en Nezahualcoyotl, en donde declaró y señaló a Jonathan como el presunto culpable. La orden de aprehensión tardó 14 días en llegar.

***

Diana y Edgar, los papás de Violet, duraron muy pocos meses como pareja. Ella regresó a vivir con su mamá cuando se separaron. Aunque la niña apenas tenía un año, disfrutó los pocos meses que vivió en la casa de su abuela Betty. Abraham, Cristopher y José, sus tres jóvenes tíos, compartían los juguetes de sus hijos con ella.

Diana conoció a Jonathan muy poco tiempo antes de vivir juntos. Cuando eso sucedió, la niña dejó de visitar a su abuela, y Diana casi no tenía tiempo para compartir con su familia. Su amor fue rápido y doloroso. Jonathan las golpeaba seguido. El 7 de febrero de 2014, Diana intentó poner fin a las golpizas y lo denunció ante la Agencia del Ministerio Público Especializada en la Atención a la Violencia de Valle de Chalco. Jonathan le había rotó una costilla y le había dejado moretones en la cara y en el cuerpo. Cuando la joven llegó ante el Ministerio Público, la Agente Marilú Cerón le reprochó.
—¿Qué hiciste para molestarlo?

Ni siquiera llamaron a declarar a Jonathan. Diana lo perdonó un mes y medio después. Violet y ella volvieron con él, y la tortura reapareció al poco tiempo.

Betty no tuvo argumentos para separar a su nieta de la relación que vivía su mamá. Una vez la llevaron a su casa con moretones y rastros de quemaduras. Cuando les reclamó, Jonathan aseguró que la niña se había lastimado jugando.

***

A dos meses de la huida del asesino de su nieta, Betty decidió buscarlo por su propia cuenta. Comenzó por enfrentar a los encargados de la dirección de Desarrollo Social en el municipio de Chalco, porque le dijeron que ahí trabajaba la mamá del asesino.

A sus 40 años, los tatuajes que le delinean los labios a Betty se le han oscurecido. Este día se ve cansada, está despeinada y con el pelo descolorido. No duerme bien. Está acostumbrada a levantarse temprano, porque los gallos de pelea que cría con su esposo gritan muy puntuales. Fuma un cigarro tras otro. Se acaba de enterar que un juez le otorgó cuatro amparos a Jonathan.

Después de varios cigarros, la abuela Betty encuentra las oficinas donde trabaja Magdalena. Se topa frente a frente con la mujer, pero no discuten. Magdalena dice que ella no sabe dónde está su hijo y que no tiene nada que ver con la muerte de la niña, que los medios están inventando historias. Luego sale despavorida del ayuntamiento.

Jonathan tiene 28 años y no es la primera vez que está involucrado en un infanticidio. Cuando era menor de edad, él y su mamá Magdalena Teolotitla estuvieron presos por la muerte de un niño de cinco años. Era hijo de un hermano de Magdalena. Jonathan estuvo unos meses en el tutelar y ella estuvo más de un año recluida en el penal de Xochiaca.

La secretaria del área, Julieta Tello, es quien sale a hablar con Betty. La invita a sentarse y admite que ella conoce la historia de Magdalena.

—A mí me tocó vivirlo. Era dentro de mi personal, yo era coordinadora de salud. Pero la señora salió absuelta —dice.

—¿Entonces a usted le consta que ella no cometió ese delito? —contesta la abuela Betty.

—Eso no lo puedo asegurar… Igual que como ahorita, nosotros lo vivimos de lejos. Se le apoyó para que metiera sus licencias correspondientes- —dice la funcionaria municipal; luego lamenta que el caso de Violet afecte su imagen pública.

—Ahora sí que nos deslindamos. Si ella tiene culpa, ahora sí que lo tendrá que pagar —continúa la funcionaria con un tono de lamento recién adquirido.

***

En el ministerio público de Xochicalco, Betty no consigue mejores respuestas. Es un pequeño cuarto verde, lleno de grafiti, con letreros viejos que promocionan una descolorida seguridad. Las carpetas están amontonadas en muebles rotos y llenos de polvo. La agente Daniela Vargas no está, y es la única con información del caso. Nadie sabe a qué hora llega, pero uno de sus compañeros le dice a Betty que sí quieren tener una copia de su denuncia, la debe solicitar por escrito.

Cuando la agente Daniela llega, reconoce de inmediato a Betty.

—Ya solicitamos la orden de aprehensión —anuncia como si dijera algo nuevo. Cuando Betty le pide copia de la denuncia, la funcionaria judicial dice que es imposible.

—Ni a usted ni a su hija les puedo dar copia de nada. La carpeta de investigación tiene un sigilo, independientemente de quienes sean las ofendidas. ¿Por qué no vino la mamá? —pregunta la titular del ministerio público.

Betty le cuenta que Diana está deprimida, que no quiere comer y sólo duerme. Daniela Vargas le advierte que si insiste en llamar a declarar a Magdalena, su hija podría salir perjudicada.

—¿Sabe que la niña estaba quemada con cigarro? Eso también es una responsabilidad para su hija. Imagínese si viene la mamá del muchacho, va hablar en contra de su hija y también se le pueden fincar responsabilidades —dice la agente del Ministerio Público.

—Que paguen todos los que sean responsables —responde Betty.

La Agente del Ministerio Público no le contesta. Hojea el expediente del caso con actitud indiferente. La abuela Betty pregunta:

—¿Por qué se tardaron 14 días en girar la orden de aprehensión? ¿Sabe que Jonathan ya tiene cuatro amparos? —le pregunta.

—Usted no se preocupe, porque esos amparos no proceden ante un delito grave. Lamentablemente, tenemos mucho trabajo y es normal que una orden de aprehensión tarde. Pero quiero decirle algo: aunque su hija fuera antes a denunciarlo, si a ella la maltrataban y así seguía con él, ¿qué clase de relación tenía? No importa que su hija estuviera amenazada de muerte, ella debió defender a la niña —sentencia la funcionaria sobre la mamá de Violet, luego termina diciendo—: Nosotros le avisamos si hay algo.

Betty sale del pequeño cuarto verde sin ninguna esperanza en el trabajo que ahí realizan.

***

Manuel Torres, director jurídico del DIF en el Estado de México, desconocía por completo lo que le pasó a Violet aún dos meses después del crimen. Habla sobre lo bien que se recuperó otro niño de apellido Owen: un pequeño de cinco años que también fue golpeado por su padrastro hasta casi la muerte. El niño fue todo un fenómeno en las redes sociales, y su agresor fue capturado luego de que lo buscara la Interpool y se ofreciera una recompensa por denunciarlo. Pero el caso de Violet sólo es mencionado por escasos medios locales, así que Manuel no lo conoce. Dice que no tienen reportes actualizados, porque cada municipio se encarga de atender sus casos. Hasta el momento ni siquiera se han comunicado con la mamá de la niña. Tampoco con la abuela Betty.

***

A través de las redes sociales, la abuela Betty encontró una forma de investigar. Colocó su número celular sobre un collage de fotografías de Jonathan y pidió que lo denunciaran. Así recibe varias pistas. Lo ha ido a buscar a tres estados distintos. Todavía no lo encuentra, pero no está dispuesta a permitir que el asesino de su nieta siga en libertad. Está segura de que Jonathan volverá a matar a otro niño en cuanto pueda.

Valle de Chalco es un municipio lleno de casas grises con unos 300 mil habitantes. Según el Observatorio Ciudadano Nacional de Feminicidios, se encuentra en noveno lugar entre los 125 municipios que hay en el Estado de México en los que se asesina sólo por ser mujer. Desde el 2007, la Red por los Derechos de la Infancia advirtió que el Estado de México es el lugar en donde se cometían más asesinatos de niños en el país. Las cifras actualizadas son escasas, y en los informes difundidos por el gobierno federal no figuran los delitos de género, ni los infanticidios.

En los últimos cinco años, los municipios que conforman el Valle de México dieron su peor rostro a sus mujeres. Los asesinatos de género aumentaron 106 por ciento, según la investigación Riesgos de Explotación Sexual de Adolescentes, premiada por la Unicef en 2013.

Los asesinatos de mujeres y niñas son una alerta cada vez más grave. Según el Observatorio, la principal causa de muerte en estos crímenes es el uso excesivo de la fuerza. En eso se parecen estos crímenes.

Violet era una niña con una sonrisa tan generosa que la usaba en todas las fotos, incluso en las que abraza a quien fue su padrastro y la asesinó. Le gustaban las princesas, el color rosa y ser la consentida de sus tíos. Sólo tuvo 29 meses de vida.

La familia de Betty se mudó a otra casa. Todo es austero, y para llegar hay que atravesar un camino lleno de piedras. La luz se instaló hace poco y el agua llega de vez en cuando. Pese a todo, Betty cree que el cambio será bueno para su familia. Se imagina que Jonathan tiene que ser encarcelado algún día, y que así se podrá evitar el asesinato de otro niño en el Estado de México.

*Esta crónica forma parte de la Colección de Crónicas Máspormás.

Comments

comments