Por Sergio Osvaldo Valdés Arriaga

FILME: Jesus Camp

DIRECCIÓN: Rachel Grady & Heidi Ewing

AÑO: 2006

PAÍS: EUA

Para muchos, Jesus Camp (2006) podría confundirse con una película de terror, sin embargo, lo que Rachel Grady y Heidi Ewing (la pareja detrás de este proyecto) pretenden ofrecer es un testimonio objetivo, real y honesto acerca de una pequeña comunidad evangélica en los Estados Unidos.

El documental toma como punto de partida a Becky Fischer, una predicadora pentecostés que cada año organiza un campamento de verano para niños. Becky ve en los niños un ejército con el potencial de revitalizar el país, de cambiar este mundo “viejo y enfermo” por uno mejor. Su necesidad por educar jóvenes cristianos es revelada durante los primeros minutos del documental, cuando comenta que el Islam crea soldados en base a sus propias creencias. Desde su perspectiva, ella hace lo mismo.

A lo largo del filme conocemos a 3 chicos que participan en el campamento: Levi, Rachael y Tori. Levi es uno de los muchos jóvenes educados en casa según la convicción y creencias de sus padres. Tiene 12 años; se considera tímido, pero no cuando se habla sobre Jesucristo. Rachael adora su iglesia y no cree en las congregaciones que no cantan ni bailan para Dios; en ocasiones reparte folletos con el mensaje de que “Jesús los ama”. A Tory, por otra parte, le gustan la música y el baile del género cristiano; artistas como Britney Spears o Lindsay Lohan no son de su agrado.

Los tres son devotamente cristianos y, una vez en el campamento, vemos la interacción que desarrollan en torno a los sermones y dinámicas que Fischer les presenta. Destacan temas de aspecto político, como el rechazo al aborto y la administración de George W. Bush. Otro puntos que destaca es cuando Fischer usa a Harry Potter como un ejemplo de lo que va en contra de Dios; de haber existido en tiempos bíblicos, dice, a Potter lo habrían matado.

El documental causó tanta polémica que el campamento cerró sus puertas debido a la mala imagen con la que fue percibido. Y sin duda, este es un filme que te deja pensando, y no porque la finalidad fuera la de criticar o dañar la reputación de los ministros a cargo, sino porque todo lo que estás viendo es real, auténtico. Cada creencia, sermón, rezo y lágrima nacen de la intensa fe que los asistentes le tienen a iglesia.

Fischer aprovechó esta oportunidad para darse a conocer. Ella nunca desacreditó el valor de la producción; desde su punto de vista, Jesus Camp demuestra la pasión de la juventud cuando a ésta se le dan las oportunidades correctas.

En parte tiene razón. Este documental saca a la luz una fe casi aterradora, pero también muestra la facilidad con la que un niño podría ser manipulado; cómo un mensaje, bueno o malo, puede sembrarse en sus mentes frescas e inocentes. No por nada siguen existiendo adolescentes que cometen atentados terroristas/suicidas en nombre de un Dios que, aparentemente, les pide guerra, muerte y venganza.

Y es que la religión nunca ha sido el verdadero problema, sino la interpretación que nosotros mismos le hemos dado. Si bien nuestra sociedad guarda mucho rencor, odio, envidia e indiferencia, aún existen aquellos pocos que destacan con lo más mínimo: sirviendo al prójimo. Son estas acciones las que brillan del resto; las que, sin importar tu nacionalidad, sexo, raza o ideología, son capaces de inspirar a otros.

Las religiones no causan guerras; el hombre sí. Y es también responsabilidad del hombre, victimario y juez, la de reconstruir y sanar. Somos nuestro peor enemigo, sí, pero unidos podemos cambiar el mundo.

Que nos demos cuenta es solo cuestión de tiempo… O al menos eso me gusta creer.

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