Por Ximena Peredo

En Monterrey el derecho a hacer negocios está encima de cualquier otro. A los inversionistas ingleses y locales, encabezados por el grupo Chapa y Cemex, les vale cacahuate el nivel obsceno de contaminación atmosférica. Ellos sostienen que la Ciudad todavía aguanta las miles de toneladas de carbono que representa este proyecto.

Nos están tratando de plantear un debate sobre en dónde sería la mejor de las ubicaciones pero lo que importa hacer notar es que en toda el área metropolitana no hay lugar para otro pozo generador de toneladas de bióxido de carbono. Mientras tengamos el aire más contaminado de América pretender construir una gigantesca mole que movilice a cientos de miles de motores semanalmente será un acto ruín, de avaricia ciega.

Vamos a entrarle al análisis de este proyecto pero basta vivir en Monterrey para tener claro que en donde lo pongan nos afecta, ¿por qué fregados tenemos que soportar el gusto, la pasión por los negocios de unos pocos?

La experiencia del estadio en La Pastora es antídoto para los discursos gastadísimos de bonanza económica, de generación de empleos y de prestigio internacional… pregúntenle a los habitantes de Guadalupe qué opinan del horno-estadio que les impusieron sin consulta y de cómo la zona se paraliza completamente con cada juego… imaginen ese caos a la altura de Constitución y Morones Prieto.

Aquí yo ya no diría como hace cinco años: sí al estadio pero en otro lado. Hoy ya no hay lugar para un estadio.

*Publicado en el facebook de la autora.

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