Por Diana J. Torres*

Ilustración de la serie ‘Flora y fauna urbana #64000’ por David Pulido

Violence is the last refuge of the incompetent 1

Isaac Asimov

Desde hace un tiempo vivo obsesionada con la revolución. No, perdón, con la RE-VO-LU-CIÓN. Esa que aún no aconteció en ninguna parte ni momento, la innombrada, cuyas consignas sólo se escuchan en muy pocas ocasiones cuando lxs monstruxs salimos a la calle en nuestras pequeñas micro-alianzas a decir “sí, existimos, y esto ya es una victoria”.

La revolución que llevo imaginando mucho tiempo, efectivamente, será feminista o no será, pero no sólo eso: su motor será la sexualidad y su arma más poderosa el cuerpo.

Hasta la fecha, en esta triste Historia que tenemos como especie, manipulada y contada por y para hombres, no se ha producido un verdadero cambio en el paradigma de las revoluciones, todas ellas han supuesto modificaciones que de algún modo seguían acordando con muchas de las cosas que en realidad se estaban combatiendo y todas ellas estaban viendo al enemigo como algo que habita fuera de unx mismx. No supieron ver esxs revolucionarixs que el punto de mira había que situarlo en el centro del espejo pues es ahí donde este sistema patriarcal y perverso ha situado a sus mejores soldaditos, a sus más efectivos dispositivos de control.

Es por eso que me pone tanto cualquier pista de que existe una forma diferente de modificar de modo radical la realidad en que vivimos. Las censuras que recibe la sexualidad humana son una buena pista, la forma en que atraviesan nuestros cuerpos con normas e identidades mansas impuestas desde que nacemos es otra señal inconfundible. Tratan de evitar a toda costa que ambas cosas, nuestra carne y nuestro orgasmo, nos pertenezcan, nos sean algo conocido, propio, poderoso y empoderante.

Siempre pensé que la especie homo sapiens sapiens (cuánta soberbia) a la que pertenezco era un terrible error del curso evolutivo, de la naturaleza, del universo. ¿Cómo es posible que un sistema en principio perfecto en su forma y contenido se permita generar algo capaz de destruir por completo una de sus partes?

El libro La especie elegida2 (cuánta ingenuidad), que cayó en mis manos cuando estudiaba Humanidades en Madrid, vino a revelarme algunos datos interesantes del por qué de la catástrofe. Un cambio climático acabó con nuestro bosque protector y fuente de alimento vegetal para convertirlo en una sabana en la que para sobrevivir había que hacer dos cosas básicas: comer algo que no fuera vegetal y caminar erguidxs. Estas dos modificaciones en nuestro comportamiento repercutieron drásticamente en la evolución de nuestro cuerpo e hicieron que por un lado el estómago tuviera que trabajar menos, quedando entonces un excedente energético para el otro órgano más importante junto al estómago, el cerebro. Ese excedente de energía fue a parar al lugar donde más falta hacía, porque no se sobrevive a un cambio tan grande sin imaginación y sin habilidades mentales avanzadas. Y por otro lado, el hecho de tener que caminar erguidxs para poder localizar posibles depredadores en esa sabana de hierba alta, conllevó una posición diferente de la cadera que trajo como consecuencia un estrechamiento del canal del parto y un considerable ahorro de energía pues es mucho más económico caminar con dos extremidades que con cuatro.

Lo que no comentaba el señor Arsuaga en su libro es que esa necesidad de ayuda al parto de la especie fue el comienzo de la sociedad humana, que como podemos imaginar, nada tenía que ver con lo que vivimos hoy en día en los hospitales, donde las mujeres son tratadas como absolutas inútiles por doctores con prisa por marcharse a casa seguramente a engancharse al televisor y cuyo milagro de la oxitocina inyectada (o el de las cesáreas por doquier) les permite este tipo de libertades. Lo cierto, es que empezaron a ser necesarias las alianzas emocionales basadas en lo práctico de traer un nuevo ser a la vida y esas alianzas se producían entre hembras pues solo ellas entendían claramente lo que estaba sucediendo entre las piernas y en el interior de la otra.

También olvidó decir que en su origen nuestra especie era matrilineal y que nuestra forma de organización era matriarcal en su esencia y que así fue durante miles de años. Esto es lo que hacen los señores que estudian y analizan nuestra evolución, de forma intencional o no, son incapaces de pensar desde perspectivas no machocentristas, y todo lo que yo, que no estoy interesada en analizar el mundo con esos ojos, puedo llegar a conocer sobre estas cuestiones me viene dado desde lugares que me son ajenos, a los que no pertenezco.

Así, toda la información que voy a entregar a continuación ha sido analizada desde una crítica a la propia ciencia, intentando acomodar todas las piezas en un puzle un tanto caótico que se ajuste más a la realidad que vivo y, por supuesto, a mi ideas.

Buscando materiales para la Muestra Marrana3 de 2012 recibí una sugerencia que al principio me pareció del todo bizarra. Chiara Schiavon4 me pasó algunos vídeos de animales que tienen sexualidades de interés especial, por curiosas, divertidas o sencillamente alucinantes. Además del sexo de los tiburones (extremadamente violento) me llamó mucho la atención el caso de lxs bonobo. En los vídeos pude ver todo tipo de prácticas sexuales, llevadas a cabo con algo que me atrevería a llamar cariño y en todas las combinaciones de género y edad que nos podamos imaginar. Mi curiosidad me llevó a buscar más información sobre estos seres y me llevé muchas y gratas sorpresas, las dos mejores: sus sociedades son matriarcales y compartimos un 98% del genoma (al igual que con los chimpancés). Así es como obtuve una de las mejores pistas para reafirmarme en esta idea revolucionaria, que a veces he llegado a pensar como utópica o inalcanzable pero que gracias a la existencia de algo como lxs bonobo se hace más fuerte, más tangible, más obvia. También esto me llevó a corregir mis ideas sobre lxs homo sapiens sapiens: no es la propia especie a la que pertenezco en sí misma ese terrible error, sino el habernos dejado vencer por algo tan terrible como el patriarcado. Eso es en realidad el gran fallo, el patriarcado como sistema.

Hasta 1929 la ciencia dijo que chimpancés y bonobos eran una misma especie a pesar de las diferencias abismales que hay entre ambas, sobre todo a nivel de conducta y organización. ¿Cómo es posible que no se dieran cuenta de esto antes? Esas diferencias no están basadas en cuestiones de laboratorio sino que pueden apreciarse con la mera observación, de un vistazo.

Los chimpancés se organizan mediante jerarquías rígidas verticales en grupos dominados por machos, son xenófobos (generan conflictos con otros grupos de su misma especie), utilizan el sexo solo en su función reproductiva y comen carne. Lxs bonobo se organizan de una forma mucho más flexible y horizontal, las hembras más mayores son las encargadas de mantener la estabilidad y la paz, el sexo y los juegos son utilizados mucho más a menudo en funciones no reproductivas como la resolución de conflictos o el establecimiento de vínculos afectivos fuertes, suelen alimentarse de fruta y, he aquí una de las diferencias que se me hace ridículo que “la ciencia” no haya advertido hasta 1929: caminan erguidxs un 25% del tiempo que pasan a ras de tierra.

Yo hace mucho tiempo ya que dejé de confiar en la “verdad” que la ciencia trata de vendernos, en esa pequeña parte de lo que descubren y que hacen pública y divulgan, y se me hace muy evidente que no es inocente el hecho de que no haya sido tenida en cuenta antes la existencia de algo tan subversivo como que el pariente más cercano que tenemos se organice de forma matriarcal y utilice la relaciones sexo afectivas para reemplazar la violencia.

Como con el tema de la eyaculación femenina, lo que no tiene interés para la ciencia no existe. En este mundo donde todo lo legítimo está avalado por la razón y la razón la regulan y sostienen una panda de psicópatas de bata blanca o trajecitos de “coronel tapioca”, cualquier cosa que no quiera ser visibilizada, con alegar que no es razonable es suficiente.

De este modo, conocer y analizar a lxs bonobo es muy importante para ayudarnos a reconstruir nuestros orígenes desde una perspectiva muy diferente de la que ha dominado hasta ahora, en la que se piensa que a lo que más nos parecemos es a los chimpancés, argumento usado muy frecuentemente para justificar nuestra forma violenta de relacionarnos y para afirmar que el sistema patriarcal es algo ineludible en nuestra especie.

Actualmente, dado que no se puede continuar negando la realidad de que bonobo y chimpancé son cosas bien distintas, hay un inmenso debate dentro de la primatología donde un sector minoritario5 (como siempre) realizó la propuesta de incluir la especie bonobo dentro de la categoría de homo como homo paniscus. Este hecho lo que en realidad viene a decir es que deberíamos científicamente empezar a considerar al bonobo como algo más que un pariente lejano. La especie humana es la única que ocupa en la actualidad la categoría homo pues somos hasta la fecha lxs únicxs supervivientes de la misma (habiliserectus,neanderthalensis y demás, están extintas) pero debido a las conductas de lxs bonobo y yendo más allá de lo genético, más bien parece que no estamos solxs en cuanto a homo, como nos ha querido hacer creer la ciencia androcentrista. Si la especie bonobo fuera aceptada como humana eso demostraría de alguna forma que nuestra especie era matriarcal por naturaleza y que nuestra sexualidad era la mejor forma de comunicación que teníamos, todo ello, claro, antes de que esta cagada del patriarcado hiciera acto de presencia para acabar llevándonos a la mierda gigantesca en la que estamos ahora metidxs, como sociedad, como especie, como seres vivos.

Durante mucho tiempo las feministas hemos rechazado la idea de que las cosas son “por naturaleza”. ¿Cómo íbamos a aceptar una “verdad científica” que dice que la hembra es por naturaleza sumisa y su función son los cuidados y el macho ostenta el poder y su función es proveer y proteger mediante la violencia y el asesinato de sus congéneres?

Pero ¿qué sucede cuando descubrimos que esa concepción de “lo natural” es sólo una más de las múltiples tergiversaciones que la ciencia patriarcal ha elaborado a través de la selección manipuladora de la realidad, de los datos que las investigaciones entregan? Creo que tenemos que empezar a replantearnos esta cuestión.

Si vamos a la etimología de la palabra “bonobo” descubrimos algo fascinante: significa “ancestro” en una de las lenguas antiguas provenientes del bantú.6 Como deducción directa diría que las sociedades humanas que cohabitaban con lxs bonobo cuando la palabra se acuñó tardaron mucho menos en darse cuenta de dónde venían (simplemente a través de la observación) que toda la ciencia occidental moderna con sus avances tecnológicos, sus laboratorios y sus universidades. Y un grupo de personas jamás llamaría “ancestro” (que no es más que otra forma de reconocerse en “lo otro” a través de la búsqueda de las propias raíces, orígenes, de la identidad como grupo) a un ser que supusiera un reto a nivel cultural o que de alguna forma rebajara moralmente lo que somos. Es decir, las personas que habitaban el mismo medio que lxs bonobo se sentían orgullosas de sus prácticas y conductas, no era algo censurable sino digno de respetar y venerar.

Pero en nuestro temible occidente “evolucionado”, moderno, racional y tecnológico, algo como lxs bonobo básicamente pone en riesgo la legitimidad del patriarcado como sistema de organización, hace tambalearse seriamente los cimientos de lo que somos.

Sus prácticas sexuales también nos pueden ayudar mucho a comprender por qué en las sociedades en las que vivimos el sexo es algo denigrante, sucio, censurable, peligroso y que necesita ser ocultado. Lxs bonobo nos están mostrando algo clave: el sexo une, genera alianzas poderosas, ayuda a resolver tensiones y es un lenguaje más válido que cualquier otro para mantenernos sanxs y felices.

Sin haber profundizado demasiado (tampoco es fácil encontrar documentación sobre sus prácticas sexuales, estoy convencida de que para muchxs científicxs, periodistas y escritorxs es algo absolutamente vergonzoso y de lo que es mejor no hablar pues supone un reto ético e intelectual) he encontrado que lxs bonobo emplean gran parte de su imaginación, tiempo y energía para entregarse placer mutuamente. Estas prácticas incluyen besos con lengua, frotamiento de genitales, sexo cara a cara, sexo oral, sexo anal, masturbaciones, caricias, abrazos, etc. Algo muy relevante también es que practican lo que llamamos “marcha atrás”. Es decir, el macho no eyacula dentro de la hembra salvo cuando el grupo (y básicamente las hembras mayores) decide que un nuevo miembro del mismo es bienvenido. Y otra cosa también relevante (estoy segura de que esto es lo que más ampollas levanta en la comunidad científica) es que mantienen sexo con sus crías pues es una forma de hacerlas sentir integradas y queridas. Por supuesto también incluyen las relaciones homosexuales (es lo que pasa cuando follamos por gusto y no para tener crías, que el género no es el mayor factor a tener en cuenta a la hora de arrejuntarnos para compartir placer) y con todos estos datos, la cantidad de combinaciones y posibilidades que podemos imaginar es infinita.

También es claro que no usan el sexo únicamente como fuente de placer. Para lxs bonobo tiene una función primordial en su sistema de organización: mantener la unidad y la paz. Un ejemplo claro de esta función se da cuando encuentran una fuente grande de alimento. Lxs bonobo son nómadas y se desplazan por la cuenca sur del río Congo y el norte de uno de sus afluentes, el Kasai, generando rutas circulares de comida ininterrumpida. Al vivir en el trópico los árboles frutales están constantemente ofreciéndoles alimento, de modo que cuando consumen una zona se desplazan hasta la siguiente. Encontrar un nuevo lugar repleto de fruta es para ellxs un momento de tensiones y excitación, pero a diferencia de los chimpancés que se desviven en múltiples peleas y conflictos por el control sobre el alimento y el territorio, lxs bonobo comienzan a follar y después, cuando esas tensiones se han evaporado a base de cariño y orgasmos, comen todxs juntxs.

A diferencia también de los chimpancés, que tienen la misma saña fratricida que lxs humanxs, cuando un grupo de bonobo se encuentra en su camino con otro (también fuente de excitación y nervio) las hembras mayores de ambos grupos mantienen sexo juntas, como saludo pero también como forma de mostrar al resto del grupo que no hay nada de lo que preocuparse.

El sexo es su forma de resolver los conflictos y de generar un tejido social que funciona sin violencia y esto, al igual que su sociedad matriarcal, forma parte de sus tradiciones culturales. Esto no quiere decir que sus sociedades no contengan violencia, sino que es manejada de una forma totalmente opuesta a la nuestra. Conceptos como “poder” o “propiedad”, principales generadores de violencia, muerte y destrucción en la especie humana, sencillamente no existen en las agrupaciones de bonobo. Y en este aspecto no podemos obviar el dato del matriarcado ni el dato del sexo no reproductivo, porque son la esencia de esa gran diferencia entre nuestras sociedades y las suyas.

Buscando documentación y más información sobre lxs bonobo llegué al programa especial de Redes7 dedicadx a ellxs. En él, Eduard Punset conversa con la especialista chilena en bonobo Isabel Behncke8 y hace un comentario particular que me dobla de la risa. Cuando Isabel comenta que las bonobo son una sociedad matriarcal, él añade: “Son las hembras las que deciden en última instancia y somos muchos los que decimos que eso tendría que haber ocurrido con los humanos”. Gilipollas, claro que ocurrió, durante un espacio mucho más largo en la línea temporal de nuestra existencia como especie que el que llevamos de patriarcado, pero ustedes los machos propietarios, acaparadores y necios se encargaron de destruirlo y nosotras no supimos o no pudimos defenderlo porque quien no cree en la violencia como forma de solucionar conflictos sencillamente no contempla esa posibilidad, no maneja esas armas.

Para las tribus y grupos étnicos que viven actualmente con lxs bonobo, respetarlxs y cuidarlos como algo sagrado era parte de su labor y de cultura. Esto fue así hasta que en 1996 estalló la primera guerra del Congo, conflicto que ha sido aparentemente concluido en 2003. Para las poblaciones indígenas de las zonas donde lxs bonobo habitan, cazarlos, matarlos y comerlos es tabú porque de alguna forma sería como estar devastando a la propia comunidad humana. Pero las guerras generan hambre y miseria y lxs bonobo son una presa muy fácil pues no huyen de otros seres que caminen erguidos, no nos identifican como depredadores pues hasta esa maldita guerra nunca lo fuimos, y para ellxs éramos más semejantes que enemigxs. Se trata de una especie en peligro de extinción (apenas quedan unos miles de ejemplares) pues durante la guerra fueron sometidos a un alto nivel de caza con fines alimenticios.

Es paradógico y muy triste que sea precisamente nuestra incapacidad para resolver los conflictos de formas no violentas lo que vaya a acabar con la única especie cuyo ejemplo podría enseñarnos a hacer las cosas de otra manera.

Barbara Kruger decía “mi cuerpo es un campo de batalla” y muchxs de nosotrxs nos hemos reafirmado en esa frase porque en ella encontramos identidad. Pero creo que ya llegó la hora de cambiar tal afirmación.

Cuando imagino un lugar con semejante conflicto (¿nos sirven las batallas del Congo para obtener una imagen?) veo que no es ni algo placentero, ni algo bello, ni algo con fuerza suficiente como para vencer nada, es algo herido profundamente, destruido, un lugar de paso que se siembra de cadáveres, surcos, muerte.

Tenemos que sacar la batalla de nuestros cuerpos, llevarla fuera de ellos. En eso han convertido el cuerpo de las mujeres y del resto de seres abyectos quienes gobiernan este mundo donde nadie sabe resolver los conflictos mediante el cariño y el orgasmo. No puedo imaginarme algo más feminista que contradecir eso.

Y acá dejo una pregunta abierta: ¿Qué pasaría si dejamos de entender nuestro cuerpo como el escenario del conflicto para pasar a considerarlo la mejor arma para combatir ese enemigo que nos conflictúa? La especie bonobo, nuestras primas hermanas del corazón de África de las que nos separamos hace seis millones de años, tienen mucho que aportarnos a este respecto a todas las personas que desde el feminismo deseamos absolutamente la RE-VO-LU-CIÓN. ¡Devengamos bonobas!

*Publicado originalmente en la web de la autora: Pornoterrorismo

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Algunas referencias en internet:

Charla sobre sexualidad bonoba en la Muestra Marrana 5

http://www.freesound.org/people/antigonia/sounds/170966/

Entrevistas a Isabel Behnke:

http://www.emol.com/tendenciasymujer/Noticias/2012/03/22/22495/Isabel-Behncke-La-chilena-que-estudia-a-los-chimpances-para-saber-mas-de-los-humanos.aspx

http://www.caras.cl/sociedad/isabel-behncke-juega-en-serio/

La violencia es el último refugio de los incompetentes”.

Arsuaga, J. L.: La especie elegida, Temas de Hoy, Barcelona, 2001.

Chiara Schiavon es una activista y artista feminista italiana que trabaja dentro del colectivo Video Arms Idea junto a Mery Favaretto, Giulia Perli y Antonella Ius http://ideadestroyingmuros.blogspot.com

Morris Goodman, el polémico científico que consiguió a través de la biología molecular demostrar que gorilas, bonobos, chimpancés y orangutanes pertenecían al género homínido, propuso junto a Emile Zuckerkandl y Harold Klinger la denominación científica homo paniscus para la especie bonobo, dando inicio a una gran controversia.

 

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