Por Sergio Osvaldo Valdés Arriaga

Ceguera, impunidad y silencio. Con esas tres palabras podría definir perfectamente lo que es ver The Look of Silence (2014). Su director, Joshua Oppenheimer, dedicó 8 años de su vida a realizar una serie de filmes en Indonesia, los cuales exploran la ola masiva de asesinatos entre 1965 y 1966. En el primero, The Act of Killing, conocemos a los individuos responsables por estos crímenes, quienes, en su gran mayoría, aun permanecen en el poder.

En The Look of Silence, la temática es re-explorada desde la perspectiva de una víctima: Adi Rukun. Joshua crea una dinámica en la que Adi tiene la oportunidad de conversar (bajo la fachada de un oftalmólogo) con los asesinos de su hermano mayor, Ramli, a quien desafortunadamente nunca pudo conocer.

Resguardado por el anonimato, Adi no guarda rencores, ni siquiera tras ver las entrevistas de aquellos que le dieron fin a su hermano, haciéndolo pasar por largas horas de tortura antes de su eventual y cruel muerte. Lo único que él quiere son respuestas, alguna razón para justificar, o tan siquiera explicar, los actos barbáricos de estos hombres; lo que pensaban mientras mataban, si es que en verdad pensaban en algo, y quizás el por qué no sienten remordimiento…

Hubo millones más como Ramli. Ejecutados bajo la ridícula excusa de ser comunistas. Peor aun, en una de las escenas vemos cómo hasta la historia misma de Indonesia ha sido manipulada con el fin de fomentar la ignorancia y una versión de los hechos favorable para el régimen. Adi platica con su hijo sobre lo aprendido en la escuela y éste le indica su más reciente lección, con lo que su padre termina por ilustrarle la realidad de las cosas.

Otro de los personajes que conocemos es precisamente un sobreviviente a la masacre, el cual ha preferido olvidarlo todo y seguir adelante, viviendo en paz con las cicatrices de su pasado.

Cerca del final ocurre uno de los momentos más interesantes, cuando Adi tiene sus dos últimos encuentros. En ellos confronta a los familiares de los asesinos, quienes, según su testimonio, no estaban enterados de esta verdad. Uno de los hijos mayores de uno de los asesinos reacciona agresivamente ante las declaraciones y queda sin palabras cuando Joshua expone un video en el que aparece el padre del muchacho mostrando un libro en el que se retrataban la muerte de sus víctimas.

The Look of Silence, a diferencia de su antecesora, es una obra menos ostentosa, sin embargo, esto no le resta poder o incredulidad ante los acontecimientos en pantalla. Como en The Act of Killing, Joshua intenta jugar con la perspectiva del espectador, pues su propio protagonista es testigo de aquellos que mataron a su hermano y gozaron de narrar la experiencia en video.

Probablemente uno se pregunte, ¿cómo puede un hombre sentarse y ver durante un tiempo indeterminado a los dos hombres que dieron muerte de su hermano? ¿Cómo, más que con silencio?

Adi no solo arriesgó su vida, sino la de sus padres, esposa e hijos, y lo hizo a consciencia, mas su verdadera intención era dejar de tener miedo y así servirle de ejemplo a las millones de familias también victimizadas y que ahora viven rezagadas y entre prejuicios. De igual forma, logró crear una obra única que habla sobre uno de los peores momentos en la historia de su país y de cómo una pequeña parte del pueblo la sigue (y seguirá) recordando.

El rencor, la venganza y el duelo no son síntomas para ejercer una vida plena, y esto Adi lo sabe muy bien, pero no por eso debe olvidar la tragedia que marcó a sus padres (y que, sin saberlo, lo marcaría también a él). Indonesia es un país lleno de horrores y cicatrices, y a veces, para sanar estas heridas, primero es importante reconocerlas. Después viene lo más difícil: romper el silencio. Enfrentar a la ignorancia con conocimiento y castigar la impunidad reconociendo al que castigó.

Dicen que la historia está condenada a repetirse, y honestamente no sé qué creer al respecto. Lo que sí creo es que testimonios tan fuertes como los que se plantean en obras como esta mantienen un atisbo de esperanza ante el oscuro panorama. Y es por ahí por donde verdaderamente puede comenzar un cambio.

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