¿Por qué querría una cárcel un pueblo de menos de 10 mil personas?

Por Diana Ramos Gutiérrez*

Primero vino el ferrocarril. Entre las sierras y hondonadas de Tandilia, en la provincia de Buenos Aires, una localidad avista cientos de casas blancas idénticas con las que se pagaba parte del salario a los obreros de una fábrica. La localidad de Barker, al igual que su estación de tren, honra a C.O. Barker, dirigente de la Empresa Ferrocarril Sud, una compañía de capitales británicos que construyó y operó una red de ferrocarriles en la Argentina en la segunda mitad del Siglo xix hasta la primera mitad del Siglo xx. Fundada inicialmente como Buenos Aires Great Southern Railway (BAGS), fue su primer gerente general Edward Banfield, el ingeniero inglés que en 1857 fuera el maquinista que operó La Porteña ―el primer ferrocarril de Argentina― durante su viaje inaugural, en Buenos Aires. En 1873 se puso en su honor el nombre Banfield a la parada del Ferrocarril Sud en el partido de Lomas de Zamora, en el sur del Gran Buenos Aires. Con el tiempo, el lugar devino en ciudad.

Para 1930, Ferrocarril Sud se había convertido en una gran empresa, probablemente la mayor de su tipo en el hemisferio sur, con más de 8 mil kilómetros de vías mayormente de trocha ancha ( mil 676 metros), 504 estaciones, 857 locomotoras a vapor, 955 carruajes, 16 mil 602 vagones y más de 30 mil empleados.

La compañía y sus subsidiarias poseían y operaban instalaciones de manejo de granos, un campo de frutas experimental en Cinco Saltos, en el Alto Valle del Río Negro, una estación de energía en Bahía Blanca, la Compañía Argentina de Distribuidores de Frutas, el Club Hotel de la Ventana y un hotel con campo de golf en Miramar. La compañía construyó el Puerto Ingeniero White, uno de los puertos de Bahía Blanca, e instaló dos elevadores de granos en 1908 para hacer frente al incremento del tráfico de granos. La empresa tenía participación en la Compañía Ferrocarriles de Petróleo en Comodoro Rivadavia cuyos pozos proveyeron una gran cantidad del fuel oil utilizado por los ferrocarriles. Además controlaba y operaba el Dock Sud en la boca del Riachuelo. Cuando el presidente Juan Domingo Perón nacionalizó los ferrocarriles en 1948, esta línea pasó a denominarse Ferrocarril General Roca.

Santamarina

En tierras pertenecientes a la familia Santamarina se construyó la Estación del F.C. Sud, habilitada el 18 de octubre de 1908, fecha que se considera de fundación de la localidad de Barker.

Hoy día, el pueblo subsiste gracias a una cárcel que le observa desde el punto más alto de la ciudad. Se dice que la pidieron abiertamente. Su existencia detona la llegada de los visitantes. El pueblo se llena y trabaja cuando hay visitas al penal. El pequeño hotel del lugar fue clausurado, y los vecinos empezaron a rentar cuartos, a construir departamentos detrás de sus casas para quien necesitara pasar la noche. Cerca del pueblo hay un río, un bosque de eucaliptos y las frambuesas cuelgan de las verjas.

Los Santamarina, linaje familiar de origen español perteneciente a la Burguesía terrateniente en Argentina, fue fundada por Ramón Santamarina, propietario de grandes extensiones de tierras en el sudeste de la provincia de Buenos Aires y en otras provincias de la República Argentina. Durante la década de 1840, se instaló en Tandil. Huérfano de chico, llegó de España sin dinero y sin futuro como otras millones de personas que por esos años emigraban. Comenzó a adquirir tierras a particulares y al Estado provincial. Se dedicó a la intermediación comercial, y después de haber acumulado capital suficiente, se ocupó de derivarlo a la inversión rural. Su familia se ha expandido por uniones matrimoniales con otras familias acaudaladas establecidas en Argentina, formando lo que se denomina hoy “el Clan Santamarina”, desplegado en varias aéreas del sector privado y público del país. Ramón Santamarina se suicidó a los 77 años de un disparo. Hoy muchos lugares llevan su nombre. Uno de ellos es el jardín de infantes de Barker.

La zona fue poblada por los pueblos originarios hasta la llamada Conquista del Desierto. La tierra pasó a manos de terratenientes. Los habitantes, en sus casas construidas al unísono, reciben contentos y amables a quienes llegan. La mayoría son mujeres. Muchas con sus niños. En proporción, de un 90 porciento a 10. Todas las semanas un enjambre de mujeres apoyan y sostienen, en las bolsas con víveres, cargando criaturas y el peso del sistema penitenciario y de los crímenes ajenos, que terminan purgando.

Loma Negra

Barker y Villa Cacique, su localidad más próxima, se asentaron y crecieron gracias a las actividades agropecuarias y principalmente a la instalación en 1956 de la empresa Loma Negra. Productora de cemento y hormigón, su plan hizo edificar un complejo industrial como vivienda para sus obreros, construyendo lo que sería la ciudad, todo lo cual se fue expandiendo en torno suyo.

De ella habían dependido Barker y sus habitantes de manera histórica. Sus dueños son la familia Fortabat. Alfredo Fortabat nació en la localidad de Azul en Buenos Aires. Tras divorciarse de su primera esposa, se casó con Amalia Lacroze, mujer de linaje aristocrático, 27 años menor que él. En 1976, Fotabat falleció a los 81 años a causa de un accidente cerebro-vascular y ella heredó sus bienes en una suma millonaria que incluía 23 terrenos equivalentes a 160 mil hectáreas con 170 mil cabezas de ganado, una finca de 160 hectáreas en Middleburg, Virginia, cinco empresas cementeras, un dúplex sobre Avenida del Libertador, una casa en San Isidro, una casona en Mar del Plata, el edificio donde se hallaba la sede Loma Negra en Diagonal Norte 634 y un dúplex en el Hotel Pierre en Nueva York; un avión Lear Jet, un avión Beechcraft 90, un helicóptero Hughes 500, un barco y varios automóviles; obras de arte, una emisora radial y una planta de inseminación artificial de ganado, entre otros bienes.

Aparte de recibir de parte del estado argentino cinco establecimientos, entre los cuales están Loma Negra (donde abrió Fortabat su primera fábrica de cemento), Olavarría, Barker, El Alto, San Juan, Zapala y otras localidades en distintas provincias, tuvieron de su parte jugosísimos contratos. En la Isla Yacyretá suplieron el cemento para construir la represa hidroeléctrica más grande del país, que abastece el 22 por ciento de la energía de la Argentina. Compraron la fábrica Corcemar en el pueblo de Pipinas, donde luego cerraron tras un corto auge y la explotación de los recursos. Iniciaron los planes para la construcción del embalse Piedra del Águila sobre el río Limay, un importante curso de agua de la Patagonia Argentina que tiene su origen en el Lago Nahuel Huapi y que al confluir con el río Neuquén da lugar al nacimiento del río Negro, donde se instaló una hidroeléctrica. Loma Negra proveyó todo el cemento y otros materiales para estos proyectos. También se ocuparon de la construcción del Puente Internacional San Roque González de Santa Cruz, y en octubre de 1976 proporcionaron “la financiación necesaria” para que el Estado construyera el puente Conmemoración del Sesquicentenario de la Revolución de Mayo, que cruza la avenida Figueroa Alcorta y une el Museo Nacional de las Bellas Artes con la Facultad de Derecho. Esta empresa también se encargó de la construcción de la autopista Buenos Aires-La Plata. Tuvieron su propio club de fútbol, Loma Negra, de Olavarría, que a pesar del apoyo económico de la familia, desapareció.

En 1977, Lacroze fue calificada por la revista Gente como una de las mujeres más influyentes de su país junto a Mirtha Legrand y Ernestina Herrera de Noble. Todas tuvieron una relación sobresaliente con el gobierno que encabezó la última dictadura militar, que se tradujo en ganancias desorbitantes para las empresas que representaban. Los Fortabat financiaron campañas eleccionarias, como las de Carlos Menem.

En 1993 adquirieron el 65 por ciento del servicio de cargas del Ferrocarril Roca junto a Acindar, el Banco Francés y accionistas menores. El porcentaje incluía 3 mil 343 kilómetros de vías que atraviesan Neuquén, Río Negro y el centro-sur de la provincia de Buenos Aires hasta llegar a Capital Federal, sumado a 65 locomotoras, más de 4 mil vagones y un millar de empleados. Lacroze propuso una inversión de 117 millones de dólares en los primeros quince años —la adjudicación era por treinta— y el pago de un canon de 47 millones de dólares. La adquisición de Ferrocarril Roca le permitía facilitar el traslado de cemento producido en su empresa por gran parte de la Argentina. Entonces, donó a la comunidad de Villa Cacique, muy cercana a Barker, una estación de tren ubicada en el kilómetro 404 del Ferrocarril Roca, que recibió el nombre de Alfredo Fortabat. Sería utilizada para suplir a la fábrica de Loma Negra en Barker. La escuela primaria de la localidad lleva el mismo nombre.

“Amalita”, como se le conoce cariñosamente, y especialmente como se le suele llamar en los medios de comunicación dominantes, murió en 2012, a sus 90 años. Una coleccionista asidua de arte y dama de beneficencia por excelencia, construyó un museo para exhibir su colección de arte con una privilegiada ubicación en el distinguidísimo Puerto Madero, con diseño posmodernista a cargo del arquitecto uruguayo radicado en Nueva York, Rafael Viñoly, autor del Fórum de Tokio. El 12 de febrero, apenas seis días antes de su deceso, se había iniciado en Tandil un juicio por crímenes de lesa humanidad donde se trataba la causa por la desaparición y muerte del abogado Carlos Moreno, en la cual Lacroze estaba involucrada.

Era la mujer más rica de la Argentina, declarada así por la revista Forbes, con una fortuna calculada en mil 800 millones de dólares. En 2011, la revista América Economía la ubicó en el 48° puesto del ranking de los empresarios más ricos de América Latina, con una suma calculada en 902 millones de dólares.

Loma Negra fue adquirida por la empresa brasileña Camargo Correa en 2005 a la familia Fortabat por mil millones de dólares (USD). El acuerdo por Loma Negra incluye la venta del 100 por ciento de las acciones de la principal cementera de la Argentina y de sus sociedades controladas, como el ferrocarril Ferrosur Roca, la hormigonera Lomax y Recycomb (reciclado de residuos). El holding cerró 2004 con ventas por 726 millones de dólares, de los cuales más del 80 por ciento provenía del negocio del cemento.

Sí a la cárcel

La economía de Barker comenzó a decaer cuando la cementera Loma Negra fue despidiendo obreros. Un cartel apareció en la entrada al poblado de 3 mil 500 habitantes: “Barker quiere la cárcel”. Se llamó a un plebiscito: decir sí o no a la instalación de un penal en el año 2000.

De las mil 806 personas que votaron, mil 711 dijeron que sí. Se anunciaban 250 puestos de trabajo directos entre guardiacárceles, enfermeros, personal administrativo, maestros y cocineros, además de otros 100 puestos indirectos. Loma Negra tenía mil 500 empleados y en Barker vivían unas 6 mil personas. En la década del 80 todo comenzó a cambiar, y, dentro de poco, en la cementera no trabajaban más de 150. En la estancia San José, de Santamarina, había 50 peones; hoy no trabajan más que 10. La población se redujo a la mitad, y así cada vez menos. Hoy no llegan a los 2 mil. De esa forma también se llamaba al exterminio de los pueblos originarios: reducción.

No es otra estación fantasma más del ferrocarril, ni otra ciudad o quinta abandonada en la pampa, donde el viento arrasa y amolda y hay historias de fantasmas. Es un penal tranquilo. Las calles llevan los nombres de los países de América Latina. La tierra suelta no tiene genealogía, pero todo insiste en recordar lo que hubo y lo que quedó.

*Diana Ramos Gutiérrez es editora y periodista. Egresada de la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras, cursa una maestría en Comunicación y Derechos Humanos en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata en Buenos Aires, Argentina.

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