Si ellos tienen sus ejércitos, nosotros haremos el nuestro para buscarlos

Por FUNDENL

I

Tenía que ser así, de esa manera.
En la historia reciente de América Latina, las que nunca se han dado por vencidas son las madres de las y los desaparecidos. Para decirlo con las palabras de Juany Solís, madre de Brenda Damaris, desaparecida en 2011 y encontrada en 2014: “¡Pues si no se me perdió un perro o un carro!”.


Era cuestión de tiempo para que Ellas, las madres, salieran a la búsqueda con palas, picos y rastrillos por las sierras. Todos sabemos que en la enorme Sierra Madre Oriental están esperándonos los cuerpos queridos de muchos de nuestros desaparecidos. Cierto, les buscamos con vida en los penales, en los campamentos de la delincuencia, en las prisiones militares, en los hospitales o psiquiátricos, pero no descartamos que nos estén esperando enterrados en campo abierto, esperando a que lleguemos y les demos un poquito de calor. “Ya vine, hijo”, “Ya vine, hija”, “Aquí estoy, llegué hasta Ti”.


En eso se equivocaron Felipe Calderón y Rodrigo Medina. En eso se equivoca también Enrique Peña Nieto. Las madres de Nuevo León y de todo México no se darán por vencidas. Esperemos que se equivoque también Jaime Rodríguez “El Bronco”.

II

“¡Compañeros! ¡Atiendan! ¡No se separen más de 100 metros!”, dice Doña Silvia Ortiz, madre de Stephanie “Fanny” Sánchez Ortiz, desaparecida en 2004 en Torreón, Coahuila. Ella y su esposo Oscar llevan 11 años buscándola. Son el ejemplo de tenacidad que el sábado 31 de octubre vino a enseñar a las madres de FUNDENL todo lo que han aprendido en las decenas de búsquedas por el desierto de La Laguna, búsquedas en las que se han encontrado más de 10 cuerpos completos y miles de fragmentos humanos que esperan una identificación.

Junto a sus compañeros del grupo Víctimas por sus Derechos en Acción (VIDA), también familiares de personas desaparecidas, decidieron salir al monte a buscar ante la inacción de los gobiernos de Coahuila y Durango. Silvia tiene 52 años y una potencia física que empujó la expedición de búsqueda, potencia que no mostró un reportero que esperaba sentado en una silla. Pero, para decir la verdad, sólo fue uno, y el resto de los reporteros siguieron al mismo ritmo las caminatas de rastreo.


Este es el quinto estado donde familiares se organizan para salir a buscar al campo. Los demás estados son Baja California, Sinaloa, Guerrero y Coahuila. Es inevitable que pronto haya grupos de búsqueda en los 32 estados, para vergüenza de nuestro país. Por cierto, en el grupo VIDA participan muchos padres de personas desaparecidas, a diferencia de otros estados como Nuevo León, donde el 90 por ciento de las buscadoras son las madres.

III

Una noche antes se realizó una sesión de información en el hotel donde se hospedarían los compañeros de VIDA. Ahí se acordó la logística de transporte, alimentación, distribución de los asistentes, rueda de prensa, en fin. Al llegar al kilómetro 92 de la carretera Saltillo- Monterrey, ya se encontraba ahí el Ministerio Público encargado del caso de Brenda Damaris, ya que uno de los objetivos de esta primera brigada era encontrar las piezas faltantes que no fueron entregadas de Brenda. Había también tres elementos de servicios periciales, dos más de la policía ministerial y tres empleados de la Comisión Estatal de Víctimas, todos ellos resguardados por dos patrullas de Fuerza Civil, con cuatro elementos en total. Se dieron las ultimas indicaciones, se rezó una oración tomados de las manos y se comenzó por parejas: una persona de VIDA y una de FUNDENL a unos 100 metros de distancia entre cada una de ellas. Físicamente fue muy pesada la primera parte del día, ya que después de los primeros 150 metros, el terreno comenzaba a inclinarse para subir hacia los picos de la Sierra. El acceso fue tomando como senderos las caídas de agua que se hacen cuando llueve.


Ramí tiene 14 años y busca a su hermano Miguel Ángel Hernández González desde 2010. Tiene una energía enorme y anima a todos a caminar. Encuentra indicios y los señala: calzado de mujer, una cadena, ropa con aparentes marcas de sangre. Al bajar todos, él vuelve a subir para enseñarle a los elementos de servicios periciales el lugar donde se encuentran estos hallazgos. Los demás van encontrando cosas también: monedas, botellas de plástico y de cerveza, una mochila vacía. Cerca de un puente-retorno de construcción de la autopista se encuentra ropa interior femenina con manchas de sangre, un pantalón y restos de una blusa. El retorno no tiene tapada su salida hacia el sur, y posiblemente sea un lugar de reunión de personas. Se pica con varillas para buscar lugares donde la tierra haya sido removida o presente otra consistencia. Si se encuentra un lugar con estas señales, se introduce más aún las varillas y luego se huele la punta. El olor a muerte, parecido al del azufre, sería la segunda señal de que ahí existen restos humanos. Sólo en un punto se tuvo sospechas de que hubiera, pero se descartaron por el momento.

En ese kilómetro 92 existen dos túneles para que las caídas de agua continúen su camino hacia el valle. Hacia el núcleo de población de Santa Catarina, atraviesan por debajo la autopista y no tienen luz. Un equipo se internó en él para verificar del otro lado si las lluvias no habían arrastrado indicios. Se encontró al caminar, con rumbo al norte, pasando la autopista, que había dos lugares con cobijas y sabanas donde posiblemente haya habido alguna persona. Mas allá se encontró lo que parece ser un altar o tumba. Este contenía la foto de un joven y utensilios personales como gorras, rosarios, un muñeco de peluche y botellas de cerveza alrededor. Posteriormente se indagará si es sólo un altar o es un enterramiento clandestino. A mitad de la jornada se compartieron alimentos con todo aquel que quiso y se recargaron energías emocionales.

IV

Con la lista de hallazgos se realizará un reporte para la población en general, de manera que estén informados de las acciones de búsqueda y puedan en algún momento reconocer prendas y con ello se fortalezcan indicios de la ubicación de sus familiares en las investigaciones. Ese mismo reporte se hará del conocimiento de la Procuraduría Estatal para que se busque extraer el ADN de prendas o cualquier indicio que se haya recolectado, y se exigirá un reporte escrito de esa autoridad sobre la clasificación de todos esos hallazgos.


No tardará mucho la siguiente brigada, y ante la enorme ola de apoyo que suscitó, es muy probable que se unan decenas de personas más el día que se convoque. Incluso migrantes en Estados Unidos con familia en San Luis Potosí y con personas desaparecidas en Nuevo León han ofrecido apoyo y trabajar en conjunto en las búsquedas. También familiares de personas desaparecidas en Tamaulipas han ofrecido acompañar brigadas que se realicen en la zona limítrofe de los dos estados.


Es posible que el pueblo mexicano, en su inmensa capacidad de aguante, tarde mucho en darse cuenta de la verdadera magnitud de la tragedia de las desapariciones de los últimos 9 años. El pueblo de Nuevo León también se encuentra en negación y no atina a ligar todas las evidencias que le mostrarían el tamaño de este delito contra la humanidad.


En algún momento los nuevoleoneses (y esperemos que todos los mexicanos) harán un acto de contrición para reconocer que fallamos como seres humanos y que nuestro estilo de vida y la falta de vigilancia hacía los gobernantes hizo que decenas de miles de personas fueran asesinadas o desaparecidas. Un acto de pedir perdón y corregir el rumbo como el que hizo la mayoría del pueblo alemán tras sus crímenes de la Segunda Guerra Mundial, o el que hacen algunos pueblos de Sudamérica tras las dictaduras militares. La otra cara de la moneda son España o Turquía, que no han querido reconocer los crímenes contra su población simpatizante de izquierda y su población armenia respectivamente.


Mientras tanto, en la Sierra Madre Oriental y los valles de Nuevo León, las madres seguirán buscando a las y los desaparecidos… No se darán por vencidas, créanlo.

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